• Guardaba ¢1.200 millones en sacos de gangoche:
JEFE PIDIÓ A NARCO HIJOS EN GARANTÍA
MARCO LEANDRO
mleandro@diarioextra.com
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El juicio contra una banda de secuestradores empezó hace un mes, en medio de estrictas medidas de seguridad por lo peligroso de sus miembros.
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Uno de los hombres más peligrosos del país, acusado de cinco secuestros, confesó que cuando unos “vivazos” le tumbaron 800 kilos de cocaína, los “capos” mayores lo amenazaron con llevarse a sus dos hijos como garantía de pago, por eso tuvo que sacar su guaca de tres sacos de gangoche con unos ¢1.200 millones para al menos hacer un adelanto de pago y los otros ¢400 millones tres meses después.
Johel Araya Ramírez, considerado uno de los hombres más peligros del mundo delincuencial costarricense, quien se fugó a balazo limpio del Centro Penitenciario La Reforma, está en el banquillo de los acusados desde hace un mes y, según sus palabras, no sabía que podía declarar en el juicio.
Todavía está en investigación cómo los miembros de esta peligrosa banda planeaban secuestrar a monseñor Hugo Barrantes, arzobispo de San José, pero fue evitado por las autoridades.
GIRO INESPERADO DE JUICIO POR SECUESTRO
Un nuevo giro tomó el juicio contra una banda de 12 personas acusadas de cinco secuestros cuando su jefe confesó a los jueces todos los pormenores de cómo se dedicaban a transportar hasta 800 kilos de cocaína por semana a Guatemala y Belice, entre las llantas de su tráiler. En cada viaje se ganaban hasta $900 mil (¢450 millones), lo que lo llevó a guardar el dinero en sacos de gangoche.
Para empezar aseguró que en realidad existe su banda, “pero es la más tranquila y honesta de todas. Nosotros no le robamos a nadie. No somos santos, hemos cometido errores como el de la fuga de La Reforma, tero errores tiene cualquiera”.
Agregó que todo empezó cuando le dieron 800 kilos de cocaína para llevarlos a Guatemala y Belice. “Reuní a mi gente y lo hice con éxito. Para eso trabajé mucho, de 5 a.m. a 11 p.m., y para eso compré tres o cuatro camiones grandes y hasta furgones para esconder la droga en los lugares que menos sospecharía la policía”, explicó.
Después de 13 años de hacer ese “trabajo” pensó en retirarse y para eso ofreció pagarle ¢10 millones a cada uno de los miembros de su banda y una carga más de droga para que hicieran una platica extra.
“Yo sabía que estaba muy duro pasar la frontera. Los policías se habían puesto vivos”, agregó.
ESCONDÍAN LA DROGA ENTRE LAS LLANTAS
Para realizar el “trabajo” usaban un lote baldío en Desamparados. Ahí, entre las llantas de repuesto y otras viejas que no llamaran la atención, en el furgón escondían la droga “porque la policía buscaba en las paredes y el piso y nunca iba a encontrar nada”, narró.
Una vez que debía hacer un viaje a Guatemala uno de sus empleados de confianza fue asaltado en los alrededores de Puntarenas. Le quitaron el camión con los 800 kilos, que tenían un valor de ¢1.600 millones.
Fue así como toda la banda en unos diez carros, todos de lujo y polarizados, comenzó a “peinar” y buscar el furgón por todo el país. Recorrieron Puntarenas, Guanacaste y los lugares donde podría estar escondido.
PARA DESPISTAR TRANSPORTABAN JABÓN
“Lo que menos importaba que se hubieran robado era el jabón que llevaban como carnada -tenía un valor de ¢14 millones- sino la verdadera mercancía, que era la cocaína escondida en las llantas. La fe mía era que apareciera”, añadió.
Como no aparecía, lo llamaron los “patrones” y le pidieron explicaciones. “Me dijeron que al otro día llegarían al país para conocer más de cerca la situación porque es muy raro que a mí nunca me había hecho falta ni un gramo. Me dijeron que ellos me habían dado la droga y era yo quien debía responder”, comentó.
Le preguntaron quién sabía de la existencia de la droga y él contestó que el único era el dueño del lote, uno de los que lo acusan de secuestro. Es así como van a la casa de éste y tuvieron una conversación muy seria con él.
“Yo le dije que con matarlo no ganaba nada, que no iba a aparecer la droga. Solo me interesaba que me devuelvan la droga porque si no tengo yo que responder por ella ante ‘los patrones’”, recordó.
“LOS PATRONES” LE PIDIERON SUS HIJOS EN GARANTÍA
Le contaron que la droga la habían repartido entre muchas personas que participaron en el operativo del robo, vendieron al menudeo y otra se la dieron a una persona que se especializa en mandarla a Europa.
Pero lo que más le preocupaba era qué les iba a decir a “los patrones”, que estaban en el país ayudándoles a buscar el furgón robado. En ese momento 15 vehículos recorrían todas las carreteras del país, por supuesto que fuertemente armados, buscando el tráiler cargado de jabón y con los 800 kilos de cocaína en las llantas.
“A mí lo que más me importaba era mi familia. En los negocios de la droga uno es el deudor y la familia es el fiador. ‘Los patrones’ lo hacen pagar a uno con el dolor de la familia, que es la primera que matan o secuestran”, acotó. Y agregó: “Yo no les dije de inmediato lo que había pasado con la droga. Entonces ‘los patrones’ me dijeron que como garantía se llevarían a mis dos hijos por tres meses, y si en esos meses no pagaba, que los matarían”.
Entonces de inmediato comenzó a buscar una por una a las personas que tenían partes de la droga, algunas le pagaron y otras se la devolvieron intacta. Cuando llegó a cobrarle a la persona que la había mandado a Europa, ésta le dijo que él tenía la ruta y todos los contactos para enviarla al Viejo Continente, que se hicieran socios.
“Muchos sueñan con mandar droga a Europa porque pagan en euros. Yo le dije que lo iba a pensar, él me dijo que el dinero de la venta le llegaría en pocos días y que me pagaría”, explicó.
GUACA DE ¢1.200 MILLONES EN TRES SACOS DE GANGOCHE
Al sentir la amenaza fue cuando tuvo que sacar la guaca que tenía guardada. Tres sacos de gangoche contenían ¢1.250 millones para al menos hacerles un adelanto a “los patrones” para que no se llevaran a sus hijos.
“Yo también tenía fincas, vehículos, pero no quería quedarme sin nada. Así se los di y les dije a ‘los patrones’ que me siguieran dando ‘trabajo’, transportando droga en la ruta San José-Guatemala-Belice. Que no desconfiaran, que soy un hombre de palabra”, dijo.
Aseguró que él estaba confiado en que con un par de llamadas a Panamá iba a conseguir droga fiada y que en un solo viaje de una semana iba a ganarse $900 mil (¢450 millones). Así pronto se recuperaría en dos o tres semanas.
Sin embargo esto no ocurrió porque los capos de la droga de Panamá le dijeron que estaban en temporada baja y no podían financiarlo. Fue así como empezó a cobrarles a los deudores, incluidas las personas que le robaron anteriormente, para eso les pidió que le traspasaran las propiedades porque no tenían efectivo.
Según explicó, esas son las personas que ahora lo acusan de secuestro para recuperar las propiedades que le habían dado en pago por la droga robada.