• Estaba en cama y se prestaba para estafar:
OIJ NO PUEDE DETENER A SOSPECHOSA POR GORDA
• Vacacionistas pagaban por cabinas fantasma.
Paola Hernández Chavarría
phernandez@diarioextra.com
Fotos: Oldemar Siles
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La sección de Fraudes detuvo a cuatro personas sospechosas de integrar una banda dedicada a estafar vacacionistas con cabinas fantasma en Jacó.
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Estar en cama por varios quebrantos de salud, entre ellos un peso de 400 libras, no le impedía a una mujer de 44 años de edad colaborar con una banda que estafa vacacionistas y era lideraba nada más y nada menos que por un privado de libertad de La Reforma de nombre Leonardo Castro Noguera.
Pese a estar en la lista de 11 personas a detener ayer por parte de agentes de la sección de Fraudes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), la sospechosa de apellidos Barboza Sánchez y vecina de Tibás se libró de ser esposada y llevada hasta las celdas judiciales, pues su sobrepeso le impedía levantarse de la cama, caminar y pasar por la puerta de su vivienda.
La policía no tenía prevista tal circunstancia, por eso ahora el Ministerio Público deberá resolver la situación jurídica basado en su estado de salud.
Además de esta mujer, cuatro personas más quedaron a las órdenes de la Fiscalía porque de acuerdo con investigaciones judiciales conforman una banda que se dedica a estafar ofreciendo cabinas fantasma en Jacó.
Los detenidos son de apellidos Hidalgo, de 31 años y esposa del líder, y cuatro facilitadores de cuentas bancarias de apellidos Barboza Ortiz, de 19 años; Víquez Arce, de 20; Acuña Porras, de 23; y Hernández Carranza, de 20.
“ALEGRÓN DE BURRO”
Vacacionar en las playas de Jacó, bañarse en el mar y tomar el sol eran los planes de muchos costarricenses para esta Semana Santa antes de ser estafados.
Por medio de anuncios en periódicos de circulación diaria, los antisociales ofrecían cabinas en esa zona del Pacífico, las promocionaban como el sitio ideal para pasar los últimos días de verano y así cobraban.
Los interesados llamaban al teléfono indicado en el aviso y pactaban el alquiler, desembolsando desde ¢70 mil hasta ¢180 mil con tal de tener dónde ir a relajarse.
Lo que nunca se imaginaron era que el teléfono que servía de contacto estaba en manos del recluso, quien con todo el cinismo coordinaba hasta el viaje bajo la falsa presión de que las cabinas estaban agotadas y solo disponía de una.
Apresurados y sin querer quedarse sin cupo, los vacacionistas aceptaban hacer depósitos en cuentas bancarias creadas para el delito y nunca más sabían de las cabinas, mucho menos del reembolso.
Existen al menos 16 denuncias por estos hechos con un perjuicio económico que sobrepasa los ¢2 millones, principalmente de gente afectada el año anterior.
Para la semana que se avecina la banda usó el mismo método para captar el dinero, sin embargo se le cayó el negocio cuando el OIJ la detuvo.
Las autoridades no descartan que haya usado hasta indigentes para hacer los depósitos bancarios.