PRISMA
LOS QUE ECHAN A PERDER EL MUNDO
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
El cambio es una corriente que nos arrastra a todos por igual, la permuta de las formas de vida a nivel mundial nos producen serias dificultades para adaptar los conceptos a estos tiempos. Lo que antes era una verdad incuestionable se evaporó, y ya solo nos quedan recuerdos de aquellos principios básicos de moral y buenas costumbres.
Nos encontramos en una Costa Rica que ha sufrido una caída vertiginosa en aspectos como moral, civismo, amor a la patria y aprecio de los valores espirituales y éticos, los cuales deben regir la vida y conducta de los hombres y mujeres en sociedad.
Lamentablemente hay mucha desidia y poco amor al trabajo, así como una tendencia a trabajar menos pero al mismo tiempo obtener más bienes materiales, aunque sea en perjuicio de los demás. Se nota un afán de lucro que ya es enfermedad, -casi rayando en epidemia- ¡qué desprecia!, la honradez y la lealtad con tal del enriquecimiento exagerado, aunque sea ilegal y deshonesto.
Sin duda alguna se ha llegado a los extremos donde se olvida la piedad, la caridad, el perdón y el deber de compartir con los demás los bienes de la tierra, el trabajo y cualquier otro beneficio o responsabilidad. Por eso es importante tener bien claro hacia donde queremos ir como personas, como sociedad, como país y como mundo globalizado, porque de eso dependerá la herencia que le dejemos a nuestros hijos y nietos.
Algunos buscamos fortalecer la sociedad para lograr mayor justicia y equidad, pero al intentarlo nos encontramos con grupos que manipulan tratando de frenar el desarrollo del hombre como verdaderos seres humanos. Entre ellos encontramos gente de todas razas y colores. Esto parece una botica, ¡tenemos de todo! Políticos; ellos no pueden faltar en ningún lugar, son los que buscan beneficios personales sin importarles los intereses colectivos. También están los dirigentes gremiales, quienes de la noche a la mañana, renuncian a sus cargos porque ahora ya tienen en sus manos lo que buscaban. Querían ser diputados, ministros, presidentes ejecutivos, o embajadores. O sea... utilizaron a los trabajadores como trampolín político. Ellos lo que hacen es convertirse en los peores enemigos de la democracia, desacreditando el sistema social.
No me puedo olvidar de los “empresarios de mentirillas”, quienes tienen como único objetivo lucrar, ganar dinero a costa de los demás, sin importarles un comino la dignidad y la salud de sus trabajadores... son los típicos explotadores del ser humano, se aprovechan de la ingenuidad ajena para agrandar sus fortunas. O los empleados públicos que vegetan en sus lujosas oficinas. Atendiendo mal a los clientes, peinándose o pintándose en horas laborales, y haciéndole mala cara a quienes les pagamos el salario.
En fin, podría seguir llenando la lista de casos y cosas, pero aquí no se trata de regañar y regañar. Lo que quiero es hacer conciencia para que en este mundo globalizado, sembremos más semillas de ciudadanos honestos, para que asuman nuevamente su rol como lo tenían en los tiempos de mis abuelitos. Aquellos tiempos llenos de hombres y mujeres que se esforzaban por sacar adelante al país. “Que se sacaban el bocado de la boca” con tal de no ver sufriendo a otro. Que le ofrecían café al necesitado aunque fuera la única taza que tenían, esa gente sí era de verdad, no el montón de hipócritas y vividores que tenemos ahora, que lo único que hacen es echar a perder el mundo.