• Furgón se llevó tendido eléctrico, San José
POSTE DE LUZ LO DESPEDAZÓ
FABIÁN MEZA
fmeza@diarioextra.com
Fotos: Oldemar Siles y Berny Gómez, colaborador
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Destrozado por el poste de luz, yace el instructor del INA Giovanni Aguilar Masís.
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Estuvo en el lugar equivocado, el momento erróneo o quizá en el preciso. Se bajó del autobús de Cartago tempranito, iban a ser las 6 a.m. y caminaba a tomar otro bus para realizar una gestión laboral, en el Ministerio de Trabajo, ubicado en barrio Tournón.
Llevaba las manos ocupadas, iba distraído, leyendo un diario. Cuando llegó a la esquina -costado noroeste de la Caja del Seguro Social- un furgón pasó llevándose el tendido eléctrico, con tal fuerza, que los cables tensores de uno de los postes de luz cedieron, trayéndoselo al suelo.
Tremendo estruendo, la muerte retumbó por la Avenida Segunda.
El periódico cayó al suelo. El tráiler siguió como si nada y un rastro de sangre se dibujó en la acera. El líquido vital brotaba del rostro desfigurado de Giovanni Aguilar Masís, de 35 años, vecino de Tres Ríos de La Unión, Cartago. Su muerte fue más que trágica, brutal. De un sólido golpe, los cables que aferraban el poste al suelo le desfiguraron la cara y siguiendo el camino de la inercia, el pilote le cayó encima, aplastándolo, provocando la muerte inmediata.
Un bolso negro -tipo ejecutivo- a un lado del cadáver, guardaba los instrumentos necesarios para realizar su labor como instructor en el área textil del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), ubicado en la Uruca.
DETIENEN FURGÓN
Ante la huída del trailero, los primeros oficiales de la Fuerza Pública que llegaron a atender la tragedia dieron aviso por frecuencia sobre las características del vehículo involucrado, basados en testimonios de varios testigos. “Se trataba de un furgón carreta blanca y cabezal azul con blanco. Lo vimos por la fuente de la Hispanidad e inmediatamente lo detuvimos”, indicó el oficial de policía, Francisco Sánchez.
A bordo de la unidad 729, Sánchez interceptó el tráiler que coincidía con el del accidente, matrícula del cabezal 128574 y de la carreta 512314. El chofer fue identificado como: Demberney Fernández Rojas, de 26 años, un vecino de San Rafael de Heredia, quien precisó no haberse dado cuenta de nada.
“Yo pasé por ahí pero no sentí que jalara ningún cable, detrás mío venía un camión de la naviera, pudo haber sido ese”, reclamó el conductor.
El joven trailero, con cinco años de experiencia en el transporte pesado, no estaba ebrio, según la alcoholemia. Se dirigía a San Rafael Abajo de Desamparados donde trabaja para un servicio de encomiendas.
Agentes judiciales levantaron el cuerpo de Aguilar y detuvieron al transportista. La policía judicial calificó la muerte como accidental.
• Hermano de hombre muerto por poste
“ESTUVO FELIZ CON SUS HIJOS EL DÍA DEL PADRE”
FABIÁN MEZA
fmeza@diarioextra.com
Fotos: Alberto Monge, corresponsal
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En las inmediaciones de la fuente de la Hispanidad, la policía capturó al trailero Demberney Fernández Rojas (dentro de la patrulla), atrás el furgón que concuerda con la características del que reventó los cables.
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Giovanni Aguilar Masís se despidió de sus tres hijos estampando un beso en la frente de cada uno.
Horas antes de su muerte, compartió la celebración del Día del Padre con toda la familia, en la casa de sus abuelos, ubicada en Loyola de San Nicolás, Cartago, contó su hermano, Marco Aguilar Masís.
“Para él, el Día del Padre era un día especial. Ayer estaba muy alegre vacilando con nosotros. Estuvo tranquilo compartiendo con los niños y viendo televisión”, agregó.
A las seis de la tarde partió, se despidió de todos y dio las gracias. Nunca más lo volverían a ver con vida.
El vecino de Loyola desde hace varios meses se mudó a Tres Ríos con su nueva compañera sentimental.
Pero todos los fines de semana los dedicaba a Joel, de 10 años; Joseph, de 5 años y Yenifer, de 13 años; sus amados niños.
“Era un muchacho trabajador y responsable con la familia. Muere una persona honesta, lastimosamente pasó lo que tenía que pasar”, dijo uno de sus amigos, Luis Guillermo Bonilla.
En la casa de sus padres, donde Giovanni creció, todo era tristeza y dolor como el que se reflejaba en el rostro de su hijo Joseph, quien lloraba en la entrada de la vivienda, recibiendo como consuelo las manos de una mujer que lo abrazaba y al mismo tiempo le limpiaba las lágrimas.