PRISMA
EL HIJO QUE MURIÓ EN LA GUERRA Y EL DÍA DE PADRE
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
En estos días, cuando todo es un puro “corre corre”, fechas especiales como el Día del Padre se convierten en días utilizados por los comerciantes para multiplicar sus negocios, pero deberíamos sacar un ratito para compartir con nuestros papás, porque de los miles y miles de regalos que ofrecen las tiendas y supermercados con motivo del tan sonado día, ninguno superará el cariño, el respeto y el amor de un hijo hacia un padre. Y es que la sonrisa amorosa y el abrazo caluroso que un hijo le da a su progenitor quedará grabado con fuego en su alma para toda la vida.
Precisamente, y aprovechando que mañana es el Día del Padre compartiré con mis lectores una historia que nos hará meditar sobre nuestra relación con papá... para quienes lo tienen vivo les recomiendo compartir más con él, para los que no... recuérdenlo siempre.
La historia dice así: Un hombre rico y su hijo -con gran pasión por el arte- tenían de todo en su colección; desde Rembrandt hasta Picasso. Muy a menudo, se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte, desgraciadamente, el hijo fue a la guerra. Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado.
El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo. Un mes más tarde, alguien tocó a la puerta. Un joven con un gran paquete en sus manos dijo al padre: Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida. Él salvó muchas vidas ese día, me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho muriendo instantáneamente.
Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte. El muchacho extendió los brazos para entregar el paquete: “Yo sé que no es mucho... no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto”. El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo, pintado por el joven soldado. Él contempló con profunda admiración la manera en que el soldado había capturado la personalidad de su hijo en la pintura, estaba tan atrapado por la expresión de los ojos de su hijo que los suyos se llenaron de lágrimas. Le agradeció al joven soldado y ofreció pagarle por el cuadro. “¡Oh no, señor, yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Es un regalo.“! El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea. Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa galería. El hombre murió y unos meses más tarde y se anunció una subasta con todas las pinturas que poseía.
Mucha gente importante acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro de la colección. Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo. El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta. “Empezaremos los remates con este retrato del hijo, ¿quién ofrece por este retrato?” Hubo un gran silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación grito: “Queremos ver las pinturas famosas, Olvídese de esa”. Sin embargo, el subastador persistió: “¿Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿$100.00? ¿$200.00? Otra voz gritó con enojo: “No venimos por esa pintura, venimos por...los Van Gogh, los Rembrandt. ¡Vamos a las ofertas de verdad!”. Pero aún así el subastador continuaba su labor: “El Hijo, El Hijo, El Hijo...¿Quién se lleva El hijo?”
Finalmente, una voz se oyó desde atrás, el viejo jardinero del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, ofreció lo único que podía ofrecer, $10. “Tenemos $10 ¿Quién da $20?”, gritó el subastador.” La multitud se estaba enojando mucho. No querían la pintura de “El Hijo”. Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones. El subastador golpeó por fin el mazo: “Va una, van dos, vendida por $10”.
“Empecemos con la colección!”, gritó uno. El subastador soltó su mazo y dijo: “Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final”. Pero, ¿y las pinturas?”, dijeron los interesados. “Lo siento”, contestó el subastador . “Cuando me llamaron para conducir esta
subasta, se me dijo de un secreto estipulado en el testamento del dueño”. Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este momento. Solamente la pintura de “El Hijo” sería subastada. Aquel que la aceptara heredara absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas. El hombre que aceptó quedarse con “El Hijo” se quedó con todo.
¡Felicidades a todos los papás de este país y del mundo!, pero sobre todo a los que menos tienen. Esos que se encuentran abandonados en los hospitales y asilos de ancianos merecen todo nuestro cariño y respeto.