San José, Costa Rica, Jueves 12 de junio de 2008, 14:40:55.


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¿SÍ O NO AL TRABAJO INFANTIL?

Por Mario Ugalde C.

Subdirector
mugalde@diarioextra.com

Estoy seguro que si alguien me pregunta en este momento ¿los niños deben trabajar? Inmediatamente les respondería que no, talvez usted daría la misma respuesta ya que seguramente ambos tenemos un trabajo estable que nos genera los recursos necesarios para hacerle frente a las necesidades básicas para sacar adelante a nuestras familias. Pero qué pasaría si tuviéramos cuatro o seis hijos -algunos de ellos adolescentes- y nuestros recursos son tan limitados que no nos alcanzan ni para comprar el arroz y los frijoles, pues claro que tendríamos que echarle mano a lo que tengamos al alcance para poder atenuar nuestra pobreza, es por eso que muchas familias permiten que sus hijos trabajen.

Indudablemente existen los “padres” explotadores, quienes envían a sus niños a “partirse el lomo” mientras ellos están de vagos o tomando guaro en las cantinas, pero ese es otro tema muy diferente al que estoy tratando precisamente hoy, 12 de junio, cuando se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, porque muchos hablan y hablan pero no le dicen a los pobres como hacer para obtener el dinero necesario y poder así sufragar los gastos indispensables de la familia, así es muy sencillo, ya que nadie siente el hambre y la necesidad ajena.

Si nunca hemos tenido penurias cómo podemos oponernos a que los muchachos acompañen a sus padres en las labores propias de una lechería o una siembra de papa, no se trata de obligarlos a dejar las aulas para que se inserten al campo laboral desde los 12 años o menos, lo que sugiero es que deberían permitir que -por lo menos en las vacaciones- se ganen unos “cinquitos” para que “arrimen algo al aporreado bolsillo de sus papás”. Eso no tiene nada de malo, por ejemplo, cuando yo era niño aprovechaba las vacaciones para “coger” café y comprarme la mudada de diciembre, o cuando mamita tenía mucha congoja económica hacía empanadas y yo las vendía en las mañanas en la escuela, y asistía a clases en la tarde. Y... ¿acaso me sentía explotado? Más bien me daban más ganas de estudiar para ayudar y sacar a mamá de trabajar.

Pero ahora existen más de 20 leyes que impiden a los jóvenes trabajar, y lo único que logran es que los muchachos -que de por si no quieren volver al colegio- aprendan mañas en el barrio. ¿Por qué pasa? Sencillo: no vuelven al colegio, no les permiten trabajar, y la mamá no los puede cuidar porque tiene que ir a ganarse el sustento diario para todos, mientras tanto el joven -“vaguito a la fuerza”- está ahí esperando tres o cuatro años para cumplir 18 y buscar un trabajito, mientras el tiempo transcurre muchos se meten en cosas propias de la vagabundería como drogas o robos menores. En eso es en lo que estamos convirtiendo nuestra juventud ociosa, en la liga menor de la delincuencia.

La realidad es que el trabajo infantil dependerá mucho de las posibilidades económicas y las necesidades de cada familia. Por supuesto que si a los padres no les queda de otra que enviar a sus hijos a trabajar para que ayuden en la manutención de la casa, debería de ser de forma equilibrada, y muy bien vigilada para evitar que algunos abusadores se aprovechen de la necesidad de los infantes para sacarles más de la cuenta, porque el dilema de una buena cantidad de niños y adolescentes ticos es ¿trabajar o morir de hambre? y por supuesto que deciden trabajar. El problema no sería tanto si trabajan o no, lo que sí debe ser analizado con detenimiento es que muchos menores laboran en condiciones de explotación, sin salario mínimo, con jornadas extenuantes y en alto riesgo. ¡Eso sí es una grosería! Pero que aprendan a ganarse el sustento honradamente definitivamente No…


 
 
 


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