San José, Costa Rica, Martes 3 de junio de 2008, 08:47:42.


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LOS TORITOS BIENVENIDOS

Carlos Federico Smith – ANFE

Me llamó la atención una información aparecida recientemente en medios escritos sobre una nueva forma de transporte que empezaba a tener vigor en el país; concretamente, en la ciudad de Alajuela. Se trata de vehículos pequeños, de tres ruedas, que la gente empezó a usar como taxis –supongo que bajo la modalidad conocida como pirata- principalmente en barrios de recursos relativamente bajos.

Era de esperar que estos nuevos taxis, que ya la gente -y más en Alajuela- bautizó de inmediato como “toritos”, iban a tener una enorme acogida popular por el simple hecho de que, desde el punto de vista del uso de un combustible cada vez más caro, a los consumidores pobres les resultaba relativamente más barato.

Pero, no tardó en hacer aparición la mano visible del Estado: no me acuerdo si la del Ministerio de Obras Públicas o de la Municipalidad de Alajuela –en último caso no importa quien fue- que de inmediato decidió prohibirlos y se dejó de prestar el servicio a pesar de que los usuarios (y también los oferentes) parecían estar sumamente satisfechos con él. Pensemos qué razones podrían haber tenido los burócratas para prohibirlos.

Una podría ser en que los vehículos son relativamente inseguros y que el Estado tiene el deber de proteger –dicen los estatistas- del daño a las personas (como si todos fuéramos bebés o tonticos e inteligente tan sólo el papá Estado). Esos burócratas no entienden que la gente está dispuesta a asumir ese posible mayor riesgo de inseguridad relativa, si a cambio de ello tiene que pagar menos por ese tipo de taxi. Son los pobres los más interesados en correr ese mayor riesgo, pues la alternativa de los taxis formales les sale mucho más cara. Al sacar de la calle a los toritos, con el prurito de la seguridad de las personas, el Estado causó un enorme daño a los pobres, pues ahora los obliga a usar una alternativa de transporte más cara. De seguir esta lógica del Estado protector, ante la inseguridad de nuestras calles, deberían de aprobar tan sólo un servicio de taxis que utilice tanques artillados.

Otra razón para excluir a los toritos es que van a congestionar más las calles, pero eso debería en justicia aplicarse a todos los que las usan sin discriminar un tipo de servicio muy parecido al que dan otros vehículos. Probablemente los traileres y camiones comerciales causan una mayor congestión, pero no se les obliga a usar las calles para distribuir sus productos únicamente en horario nocturno, como se hace en las grandes ciudades de países civilizados. Esa conducta burocrática discriminatoria es odiosa pues ignora el principio de igualdad ante la ley. Si no quieren congestión, pues impongan un costo, pero por igual a todos, no sólo a quienes no les complace,
Una tercera posibilidad es que los burócratas, al prohibir los toritos, reducen la competencia que encaran otros oferentes de un servicio más caro. Les da miedo autorizar una competencia que posiblemente disminuya la demanda de los taxis tradicionales y más temor les da una protesta fuerte de los gremios ya establecidos. Esta parece ser la verdadera razón que motivó la acción burocrática. La verdad es que no fue el interés de ayudar y proteger a los más pobres, sino todo lo contrario. La competencia, que en este caso los burócratas limitan, suele ser la mejor amiga quienes tienen menos recursos.


 
 
 


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