PRISMA
“NADIE TIENE LA CULPA”
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Una buena parte de los ticos son tan irresponsables que por estar buscando culpables de sus propios errores, viven inmersos en una intranquilidad permanente. Siempre le achacan sus desaciertos a los demás sin detenerse a pensar que si el tiempo que pierden buscando culpables lo invirtieran en mejorar su actitud hacia la vida, seguramente la cosa sería muy distinta, pero que va... es más fácil decir “no es mi culpa”, que asumir los errores con valentía y encontrarles una solución.
Recientes investigaciones han demostrado que sólo un 15% de las razones por las cuales una persona sale adelante en su campo, tienen que ver con sus habilidades, mientras que el 85% restante, con su nivel de motivación y capacidad para desarrollar relaciones positivas. ¿Cuántos de nosotros conocemos por lo menos a una persona que en algún momento, tratando de explicar un fracaso, ha apuntado su dedo, buscando culpables a su alrededor?
Esa actitud se encuentra tan arraigada en nuestro subconsciente, que la mayoría de las personas poseen un variado arsenal de justificaciones, excusas, mitos, mentiras y suposiciones para justificar cualquier tropiezo. Curiosamente, lo único que todas estas disculpas tienen en común es que sitúan la culpabilidad en otras personas, pero jamás asumen las consecuencias de sus actos. Siempre están con el trillado “yo no fui, fue te té, pégale, pégale que...”
Eso ocurre frecuentemente en el mediocre. Ellos se escudan en que su fracaso es el resultado de la discriminación, del sistema, de la falta de amor de su familia, del poco apoyo de los amigos, de la envidia de los demás, o simplemente de la falta de oportunidades. Los menos atrevidos culpan al destino, mientras que los más falsos acusan a la situación económica, al sistema político o a las tendencias globales. Muchos hasta culpan a Dios por sus desventuras…
Lo cierto del caso es que encuentran más fácil racionalizar la mediocridad y buscar culpables de sus fracasos, que aceptar su responsabilidad ante la vida y luchar por lograr el éxito y la felicidad. Independientemente de cual excusa escojamos para justificar la mediocridad, hay tres elementos claros en todo este tipo de personas: Si nos damos a la tarea de encontrar una excusa, con toda seguridad la hallaremos. Si damos excusas, encontraremos aliados que se unan a nuestra causa, o por lo menos personas que las crean, pero debemos entender que dar excusas no cambia la realidad de las circunstancias que buscamos justificar con ellas.
Por qué no dejamos de ser tan “corrientes” y aceptamos de una vez por todas que el cien por ciento de la responsabilidad por el éxito o el fracaso radica en nosotros mismos. Miremos hacia adentro y no hacia afuera, hagámosle frente a los problemas o circunstancias que enfrentemos.
Entendamos que nosotros somos los arquitectos de nuestro propio destino. ¡Solo los cobardes buscan culpables en donde no los hay!