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El Bumerán

José Calvo (*)

Vale la pena ver los artículos de Joseph Stiglitz y Gabriel Jackson sobre la crisis del paradigma de mercado que reprodujo Tribuna Democrática, porque comentan las fallas más flagrantes; y como son americanos conocidos, nadie los puede acusar de comunistas.

Stiglitz dice en El Bumerán que el neoliberalismo es un revoltijo de ideas basadas en el fundamentalismo de mercado. Que el rescate estatal de los grandes bancos, en quiebra porque las hipotecas usureras de los pobres resultaron impagables, reveló que es falso que el mercado sea el mejor asignador de los recursos; o que el mercado se corrige solo.  Y que la falta mundial de alimentos es el resultado de que el Consenso de Washington hizo que los países pobres abandonaran su agricultura, para depender de las importaciones de los excedentes subsidiados de los países ricos (con el activo colaboracionismo de los neoliberales locales), todo lo cual no es otra cosa que mala distribución de la riqueza.

Podría habernos recordado el tema del trabajo que le ganó el Nobel: la competencia es imposible porque algunos agentes del mercado disponen de mejor información que otros. A lo que uno podría agregar que no es verdad que en ese mercado no intervenga el Estado (a favor de los ricos), cuando allí los empresarios y los gobernantes son las mismas personas, como George Bush y Dick Cheney en los Estados Unidos, Silvio Berlusconi en Italia, y los Arias Sánchez en Costa Rica; todos los cuales son de ajuste inmunes ante la ley. Seguro quedará impune también el nuevo fraude de la plata taiwanesa puesta en el BCIE para ayudar a los pobres, pero repartida entre unos cuantos opilados. Digamos entonces que el mercado no existe, y que “ellos son el estado”.

Como el mayor fracaso del libre mercado es la crisis alimentaria, Stiglitz dice que “los especuladores financieros solo han hecho el ‘descubrimiento de los precios’, que estos se deben a que no hay alimentos, y que de donde vendrá la máxima especulación es de los mismos agricultores acaparando su grano.” Como ya ocurrió en la Unión Soviética, por otra majadería ideológica.

 En La Moral y el Mercado, Gabriel Jackson dice que aunque el capitalismo de libre mercado es muy eficaz para producir riqueza, es también amoral y no la distribuye. “La competencia del mercado libre decide quienes mandan y cuánto ganan, y hace imposible el control de los estados y los sindicatos.” Pero él habla de una pugna “entre la izquierda y la derecha democráticas”, y será mejor ponerla entre ricos y pobres. Es en los pobres que pensaba el New Deal con sus regulaciones, y es en los ricos que pensaban Reagan, Thatcher y los Bush con su desregulación. Y cuando Teng Siao Ping  decía “es hermoso ser rico” pensaba en los ricos; no en izquierda y derecha, que no significan nada. Jackson hace bien hablando de “capitalismo de mercado”, porque el de los países comunistas también era capitalismo, e hizo una impresionante transformación de desarrollo, con igual o peor sacrificio para los trabajadores, pero no pudo crear la sociedad de consumo que permite el aumento de la producción; lo que es obra de los sindicatos.

El problema del  neoliberalismo no está en hacer  un revoltijo de ideas, sino en escogerlas o seleccionarlas de acuerdo a una majadería ideológica para beneficio de los ricos, porque terminan con un revoltijo incongruente y contradictorio insostenible: no intervención del estado en la economía cuando ellos mismos gobiernan; un libre mercado, con 20,000 páginas de especificaciones; eliminación de aranceles, pero cancelada con montones de barreras no arancelarias; inclusión de la agricultura, pero manteniendo sus subsidios; competencia como norma de conducta, mientras ellos disponen de información privilegiada; oposición al monopolio estatal, pero fusiones continuas de empresas  que conducen al privado; y apropiación de toda la información con sus patentes, que limitan la distribución, monopolizan el mercado, y hacen imposible el desarrollo de los países subdesarrollados.  
*Agrónomo.


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