San José, Costa Rica, Martes 15 de julio de 2008, 06:40:57.


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¿Día del árbol o día de poses?

Nicolas Boéglin (*)

Ante los distintos reportajes de prensa sobre la siembra de árboles propiciada por varias entidades públicas en el marco de la campaña “A que sembrás un árbol”, es menester hacer un alto en el camino y reflexionar sobre lo que se está haciendo, o al menos, la forma en la que se está haciendo.

En las fotos y reportajes de televisión del pasado 15 de junio abundan rostros satisfechos de jerarcas y autoridades municipales y locales, sonrisas espontáneas de entusiastas niños, miradas complacientes de universitarios, profesores de ciencia, peones o agricultores llamados a ayudar a la siembra y celebrar esa linda fiesta. Un mágico momento que fija la cámara, en el que todos, grandes y pequeños, pareciéramos, por un segundo, obrar en la misma dirección. Pero,,, ¿qué pasa con el árbol después de la foto?
Sembrar un árbol es lo más fácil. En cambio abonarlo, retirarle la maleza siempre pronta a ahogarlo, hacerle regularmente su ronda (eliminando la hierba a su alrededor), velar para que la humedad y las plagas de insectos no destruyan sus primeras hojas, regarlo en verano, son acciones mínimas que garantizan el desarrollo del árbol sembrado ¿De qué vale sembrar un árbol sin cuidarlo?
La campaña de siembra masiva de árboles “A que sembrás un árbol”, cuyo evocador título inspirado por jóvenes fue incluido en la iniciativa Paz con la Naturaleza promovida por la actual administración (y que cumplió su primer aniversario el pasado 6 de julio), tiene metas oficiales no de 5 o 6, sino de 7 dígitos.

Sin embargo, algunas dudas afloran en cuanto al seguimiento que esas mismas autoridades han previsto dar a los “millones de árboles sembrados” por escolares en los últimos años en Costa Rica. ¿Estarán previstas campañas de abono, de limpieza, de poda, y de cuido de los árboles sembrados? ¿Existirán rubros presupuestarios para tal efecto, con una planilla debidamente capacitada y adiestrada para realizar dichas inspecciones?
Ojalá que los que envían a niños a sembrar árboles se comprometan realmente a verlos crecer, planifiquen inspecciones regulares y obtengan compromisos previos de los dueños de fincas para éstos realicen campañas de limpieza, riego y abono, y obren seriamente para ayudar al árbol a afianzar sus primeras hojas (las cuales, como los primeros pasos de todo ser viviente recién nacido, necesitan un mínimo de acompañamiento).

No permitamos que la siembra del árbol, símbolo en todas las civilizaciones de respeto, vida y esperanza, se convierta únicamente en un acto “para la foto”. Y no dejemos que los niños de este país, a los que hay que inculcar sentido de responsabilidad y compromiso desde temprana edad, se presten para ello. A sembrar árboles. ¡Claro que si!. Pero en forma y con el mínimo de respeto que se merece nuestra generosa Madre Tierra y su legendaria y majestuosa figura, el árbol.

 
*Comité Bandera Azul Ecológica de San Miguel banderazulsmiguel@gmail.com


 
 
 


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