San José, Costa Rica, Viernes 22 de febrero de 2008, 10:34:31.


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• Pacto del Jocote, Alajuela:

MAMÁ ENJAULÓ HIJO DE 10 AÑOS

• Ex compañero de escuela lo salvó • Le daban de comer en una palangana

Paola Hernández Chavarría
phernandez@diarioextra.com
Fotos: Oldemar Siles

Con apenas 10 años, un niño de nombre Edwin vivía en el patio de la casa y dormía en una jaula como si fuera un animalito. En la foto mientras lavaba láminas de zinc.
Con tan sólo 10 años su vida era ya un calvario, el abandono, el maltrato y las humillaciones formaban parte de su rutina, así como los trabajos forzados. Edwin a su corta edad era esclavo, vivía enjaulado como si se tratara de un animalito, en el patio de su propia casa en el Pacto del Jocote, en Alajuela.

Las responsables de semejante humillación son dos mujeres, su madre de apellidos Meza Castillo, de nacionalidad nicaragüense y una amiga muy íntima, de apellidos Corrales; ambas están detenidas y descontarán dos meses de cárcel por el delito de abandono de incapaz.

CON HAMBRE Y A LA INTEMPERIE

La vida de Edwin no ha sido nada fácil, su inocencia y ternura se vieron opacadas por el instinto de todo ser humano a la sobrevivencia. Su progenitora lo mandó a vivir en el patio, ahí entre láminas de zinc y tierra, con apenas una cobija para abrigarse del frío de la noche.

En el día permanecía en una jaula de escasos metro y medio cuadrado, bajo el sol o la lluvia, eso no le importaba a sus agresoras, quienes le daban migajas para comer en un tarro plástico y agua en un balde para que se medio bañara siempre en horas de la mañana.

Su cuerpo era la muestra más fiel de los abusos, de la falta de amor. Y es que según contó el propio menor a Kenneth Miranda, un vecinito de la misma edad y con quien cursó el primer grado hace tres años en la Escuela del Pacto, “en la casa no pueden estar los chiquitos. Yo vivo aquí y si me escapo me matan”.

En medio del patio era posible ver aquella jaula, una escuálida palmera apenas y daba sombra en ese sitio, Edwin escarbaba en la tierra para matar el tiempo y en algún momento entender en su mente de niño por qué lo tenían en esas condiciones.

“Estoy castigado, no me dejan entrar, dicen que soy un burro. No aceptan a los niños, por eso vivo afuera”, repitió la víctima a Francini Oconitrillo, otra de las lugareñas que con lástima miraba aquella escena, sin poder hacer nada.

ARREGLANDO CANOAS

La reparación de canoas en la vivienda de doña Carmen Oconitrillo Venegas permitió descubrir tan desgarrador caso. Su nieto Kenneth Miranda observó al menor limpiando láminas de zinc, pero en ese momento no sospechó nada.

Horas más tarde y cuando la noche había caído, Miranda se trepó por el muro trasero de su casa para ver al patio vecino, llevándose la sorpresa de que su ex compañero de estudios estaba dormido en el piso.

La alerta no se hizo esperar, doña Carmen comenzó a dudar y frecuentemente miraba sobre la pared vecina, ahí estaba el pequeño, trabajando y sufriendo el abandono total, mientras las inhumanas mujeres permanecían dentro del inmueble, dándoselas de inquilinas respetuosas.

Edwin no iba a la escuela, permanecía en absoluto silencio, pues al parecer estaba amenazado si hacía ruido.

“Arrodillado, parecía un pollito, escarbaba en la tierra. Permanecía inmóvil en una esquina. Estaba solo, nadie salía para acompañarlo y menos compartir con él. Era un caso insólito, cuando nos enteramos sentimos ganas de brincar esa pared y sacarlo, pero sabíamos que el OIJ iba a manejar la situación de la mejor forma, dando cárcel a las responsables”, dijo a DIARIO EXTRA don Manuel Saborío, lugareño que vio al niño durmiendo en la jaula y que interpuso la denuncia ante las autoridades judiciales.

Durante un par de días, agentes de la policía judicial vigilaron el inmueble y vieron a la víctima en esas condiciones, todo estaba evidenciado, era el momento justo de allanar.

LO ESCONDIERON EN CLÓSET

Con el mayor de los desprecios por la vida de este menor de 10 años, su madre y la compañera sentimental, negaron a las autoridades que en ese sitio hubiera un niño y menos que permaneciera en tales condiciones.

Sin embargo, la astucia de los funcionarios públicos, que llegaron acompañados de personas del Patronato Nacional de la Infancia, miembros del Ministerio Público y hasta una jueza de familia, pudieron más, buscaron por todos los rincones hasta hallarlo.

Ni más ni menos, que esta pareja de seres que no merece ni llamarse mujeres, lo escondieron en un clóset, con tal de evadir la justicia. Pero el tiro les salió por la culata, esto generó más evidencia en su contra de los abusos a los que era sometido el pequeño.

Apenas y podía caminar, contó doña Carmen, cuando lo vio salir del cautiverio, “hasta que le brillaban los ojos. Estaba flaquito, desnutrido y descuidado, era una barbaridad. No hubo quién se aguantara las ganas de llorar ante tal historia. Los vecinos de esta comunidad estamos muy contentos porque se las llevaron y están en la cárcel, eso no se le hace a nadie. Pero le decimos a la policía que hay dos mujeres más relacionadas con el caso y deberían de llevárselas”.

El PANI está a cargo del afectado, de su recuperación y de su custodia, hasta tanto un Juzgado no resuelva el futuro de Edwin.

FRÍAMENTE CALCULADO

Todo estaba fríamente calculado, hace un mes las cuatro mujeres alquilaron esa vivienda, propiedad de un hombre vecino de Atenas, “eran aparte, pero nadie sospechó nada de lo que ahí ocurría”, explicaron en el barrio.

Para don Manuel Saborío no había nada que sospechar cuando una de las arrendantes le pidió que no destruyera una pequeña jaula que había en la parte trasera.

“Está perfecta para lo que necesito, no me hubiera imaginado que estuviera aquí, en pocos días voy a traer unos pollitos y los meto ahí, es especial”, mencionó una de las ahora detenidas a Saborío, que en estos momentos entiende bien cuáles eran los fines del encierro de metal.


 
 
 


 

 

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