PRISMA
DARLE A LOS HIJOS LO QUE A MI NO ME DIERON
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Los padres de familia nos repetimos una y mil veces la trillada frase: “trabajo fuerte para darle a mis hijos lo que a mi no me dieron”, y es que esto dice mucho sobre una realidad que los padres no queremos ver pero que sufrimos en carne propia por estar justificando nuestros fallos como papás, algunas veces tratamos de “compensar” con dinero todo el amor que no les damos, olvidamos que los niños prefieren media hora de compañía que mil colones, por supuesto que el dinero hace falta, pero hay edades en las que es mejor darles cariño y consejo oportuno.
No hay duda que el amor que le tenemos a nuestros hijos nos ciega, olvidamos lo que verdaderamente los hará felices. Es muy común en estos tiempos que los padres -principalmente los de recursos económicos- construyan a los niños un mundo irreal sacado de cuentos de hadas, aislándolos así del entorno. Cuando tarde o temprano el “cuento” termina, nuestros chiquillos se enfrentan a un mundo que desconocen, que no comprenden, lleno de trampas y callejones sin salida que no saben sortear, y las consecuencias son peores a las que quisimos evitar. El problema se presenta porque confundimos el amor y la responsabilidad con los recursos materiales.
Desafortunadamente, -quizá porque estamos demasiado ocupados- no nos damos cuenta de lo que ocurre en nuestra propia casa. Es triste saber que hombres inteligentes y honestos se “distraigan” en la formación de sus hijos, porque cuando por fin abren los ojos puede ser demasiado tarde. Por desgracia esa es la vida de cientos de padres de familia atrapados en una agenda saturada de trabajo y de compromisos fuera de la casa. Papás que compensan la falta de atención a sus hijos con bienes materiales. Los inscriben en las mejores escuelas, los rodean de lujos y comodidades pensando que con eso ya cumplieron su tarea de padres, cuando lo único que están logrando es formar niños que desconocen el hambre y tiran lo que no les gusta a la basura aunque esté bueno.
Estos son “los hijos de papi y mami, insoportables y prepotentes”, quienes sufrirán y harán sufrir a sus semejantes porque desde pequeños se han salido con la suya. Muchachitos que creen que sentir frío o calor es cuestión de aire acondicionado, que el cansancio es porque caminaron unas pocas cuadras debido a no hallaron estacionamiento frente a la discoteca, jovencitos que piensan que el trabajo de los padres es firmar cheques para que ellos tengan todo lo que se les antoja. ¡Están perdidos de la realidad!
¿Qué posibilidades tienen nuestros hijos de convertirse en hombres y mujeres de bien si los papás les damos todo pero no los educamos? ¿Qué hijos estamos formando si con nuestra actitud les mostramos que el dinero es lo más importante en la vida? Tengamos cuidado porque quizá esos lujos los hagan felices de momento, pero... ¿y después?