•Alquilan tres piecitas a la par de río en Dulce Nombre
MADRE EN SILLA DE RUEDAS CUIDA HIJA CON TUMOR EN LA CABEZA
• Desea un equipo de sonido para que sus hijas escuchen música religiosa
Betania Artavia
bartavia@diarioextra.com
Fotos Randall Sandoval
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Este es el único cuarto de la casita, en dos camitas viejas y bastante maltrechas duermen doña Leila y sus hijas Nicol y Natalia.
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En medio de las carreras en busca del regalo para esa mujer especial que no solo nos dio la vida, sino que nos enseñó a vivirla, es bueno tomar un minuto para observar alrededor y ver como viven y en que sueñan muchas madres a quienes el destino no les ha sonreído de la misma forma.
Doña Leila Chacón es un ejemplo de esas madres a quienes el destino les ha puesto todo cuesta arriba, pero aún así se mantiene luchando, no por ella, sino por sus hijas, para quienes espera un presente y un futuro mejor.
Esta mujer de 36 años enviudó hace dos, y desde entonces las cosas han sido todavía más difíciles, ya que debe vivir con una pensión de ¢57.000, que apenas le alcanza para pagar el alquiler de las piecitas donde vive con sus dos niñas.
A Nicol, la menor de las niñas, le detectaron un tumor cuando tenía 4 años, la operaron, pero sufrió una recaída y debieron intervenirla nuevamente este año en mayo, actualmente recibe tratamiento de quimioterapia y su cabello apenas comienza a asomarse nuevamente.
En medio de la enfermedad de su pequeña, doña Leila debe lidiar con la pobreza y con la enfermedad en la columna que la mantiene atada a una silla de ruedas desde hace tanto tiempo que ya ni sabe cuanto.
Desde su silla ella prepara la comida, mantiene limpio el piso de madera de las tres piecitas donde viven, y se esmera por darle las condiciones higiénicas adecuadas a su niña pequeña, no es fácil desde su silla, pero ha aprendido a hacerlo con amor y paciencia.
Su mano derecha es su otra hija, Natalia, de 8 años, ella son sus pies fuera de la casa, la ayuda a cuidar a la hermanita, y ante todo a darle alegría en los momentos de angustia y desesperación
QUEDÓ INVÁLIDA POR FALTA DE OPERACIÓN
Doña Leila conoció el sufrimiento desde muy pequeña, cuando perdió el tratamiento en el Hospital de Niños para corregir la escoleosis que le afectó la espalda y cuando su padre abandonó el hogar, ella dejó de ir al centro médico y perdió la posibilidad de operarse para corregir el daño.
De no haber sido así, ella no estaría atada a la silla de ruedas que le impide salir a trabajar para comprar la comida de sus hijas, en vez de depender de la caridad de quienes la aprecian, y le llevan de cuando en cuando un paquete de arroz, o de frijoles, para tener que comer.
Tal vez precisamente por ese abandono que sufrió, ella en medio de su situación saca fuerza de flaqueza para no perder ni una sola cita del tratamiento de su pequeña, no importa si debe pedir prestado para pagar un carro que la lleve al Hospital de Niños, ahí está siempre.
Las noches son muy largas al lado de la cama de su hija cuando está internada, sea para cirugías como para recibir el tratamiento de quimioterapia, pero ella aguarda a su lado, con la fe en Dios que pronto todo pasará y su hija podrá vivir sin problemas.
AMOR Y FE EN MEDIO DE LA POBREZA
Aunque no tenga nada en la cocina para prepararle a sus hijas, doña Leila se levanta cada día con alegría y fe en que las cosas mejorarán, enciende el viejo radiecito para escuchar las oraciones de alabanza a Dios desde temprano, eso sin duda alimenta su espíritu y le da la fuerza para seguir.
Cada día es un milagro por el solo hecho de vivirlo junto a sus dos hijas, no importa el sacrificio ni la pobreza, ellas sonríen a la vida por la fe y la confianza que tienen en Dios, aunque duerman en dos camitas casi destartaladas, pero muy limpias y ordenadas; no importa comer arroz y sopa de chayote, siempre que estén juntas.
Con sus ojos enrojecidos pero sin soltar ni una lágrima, doña Leila asegura que sueña con tener una casa para que sus hijas estén seguras el día que ella falte, además un lugar donde su pequeña con problemas de salud pueda estar más cómoda, tal vez hasta tener su propia cama.
Al consultarle que le gustaría recibir para el día de las Madres, respondió sin dudarlo ni un segundo: “Un equipito de sonido para que las chiquitas puedan escuchar música cristiana, a ellas les gusta mucho”.
Si usted está en posibilidades de unirse a las manos que hacen posible que esta familia salga adelante día con día, puede comunicarse al número 2294-4189, o visitarlas en Dulce Nombre de Coronado, del Liceo 50 metros al sur, justo al lado del puente.