• Su padre estuvo entre los fundadores del cantón de San Isidro de Heredia
ABUELA CUMPLE 105 AÑOS EL DÍA DE LAS MADRES
Betania Artavia
bartavia@diarioextra.com
Fotos Randall Sandoval
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Doña Rosa Villalobos festejará este Día de la Madre 105 años de vida, es la segunda en la familia que supera los cien años, su hermano alcanzó los 108.
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Doña Rosa Villalobos Fonseca figura en la lista de las personas más longevas del país, cumple sus 105 años este Día de la Madre, ella es para toda su familia un ejemplo de vida.
Nació con el siglo, como dice la canción, pero su preferido no es el vino tinto sino la cerveza, porque el contar con más de un siglo de vida no le ha quitado el gusto por esta bebida, y siempre le tienen una Pilsen en el refrigerador.
Quien la ve no se imagina que supere los 100 años, ella se baña y se viste sola, incluso puede caminar sin ayuda, pero su nieto, José Enrique Alfaro, prefiere siempre llevarla de la mano.
Se negó a utilizar bordón o andadera porque dijo que eso era para viejillos, y ella no era una viejilla, que podía caminar sola perfectamente. Y es que su carácter desde joven ha sido fuerte.
La vida la enseñó a serlo, porque las costumbres eran tan rígidas en su juventud que al quedar embarazada soltera la expulsaron de su pueblo natal, San Isidro de Heredia, pese a que su padre había sido uno de los impulsores para la creación del cantón, recuerda su nieto José Enrique.
Doña Rosa con el dolor de su alma dejó a su retoño al cuidado de su hermana mayor para que no fuera a rodar con ella y se fue a trabajar y vivir a Heredia, luchó mucho para salir adelante.
“Hacía tortillas, vendía pan, limpiaba casas, abuela fue una mujer muy luchadora siempre, conoció a Luis Barquero trabajando, hacía cajetas de coco con él para vender y después se juntaron y tuvieron dos hijos”, comentó don José.
Al ser las costumbres tan rígidas no le permitían ir a visitar a la familia por no haberse casado, pero eso no le quitó a doña Rosa las fuerzas, al contrario, siempre continúo trabajando y esforzándose por criar a sus hijos.
Pasaba la mayor parte del tiempo solo con los dos que procreó con don Luis, ya que él se dedicaba a coger café recorriendo el país según fuera madurando el grano, por eso doña Rosa se acostumbró a su independencia.
Todavía entrada en años vivía sola en su casa cerca de la Iglesia de Los Ángeles en el centro de Heredia, pero cuando tenía 87 años se fracturó la cadera y aunque se recuperó bastante bien, a partir de entonces vivió un tiempo con una hija y después con su nieto José Enrique y su esposa, quienes se esmeran en cuidarla.
Con cien años ya cumplidos doña Rosa sufrió un golpe que la llevó a que le operaran la otra cadera, pero sus huesos han sido tan fuertes como su carácter y resistieron la cirugía perfectamente, tanto, que doña Rosa puede movilizarse sola sin problema.
Le encanta salir a caminar para aprovechar los rayitos de sol de la mañana y no es extraño verla con su nieto por las calles de barrio Cubujuquí, en Heredia, donde viven, y los fines de semana la llevan a pasear en carro, porque le gusta mucho “callejear”, dijo don José.
SU CASA SIEMPRE ESTABA LLENA
Don José recuerda que la casa de su abuela siempre estaba llena porque como quedaba camino al hospital los amigos que venían de San Isidro de Heredia y tenían parientes hospitalizados pasaban un rato ahí.
Y las mujeres que estaban a poco tiempo de dar a luz se hospedaban en la casa de la abuela para esperar el momento más cerca del centro hospitalario.
Tal vez por estar siempre acompañada no le hacía falta vivir con alguno de sus hijos, pues nunca se sintió sola, y esto le ha ayudado a mantener la salud mental.
Hasta hace pocas semanas el alzahimer a comenzado a afectarla, y tiene vacíos en la memoria, pero también largos espacios de lucidez, lo que le a afectado más es el oído, deben hablarle muy fuerte para comunicarse con ella.
“Abuela come sola, no necesita ayuda para sostener el vaso, o alimentarse, ella es muy fuerte, y para nosotros es un orgullo tenerla con nosotros, le encanta leer la EXTRA, y en la tarde comenta con nosotros, viste quien se murió”, narró don José.
La longevidad no es algo aislado en esta familia, el padre de doña Rosa, don Agustín Villalobos, llegó a los cien años, y su hermano Alfredo alcanzó los 108 años. Su descendencia es grande, pese a que solo tuvo tres hijos: Jorge Villalobos, quien ya está fallecido; Estrella Villalobos y José Luis Barquero, el único que lleva los apellidos del compañero de su vida.
Las nuevas generaciones están compuestas por 15 nietos, 32 bisnietos y dos tataranietos, quienes se reunirán este 15 de agosto para festejar a todas las madres de la familia, pero muy especialmente a “la abuela” como le dicen todos a doña Rosa.