AUMENTO ELECTRIZANTE
Carlos Federico Smith
Este miércoles 16, como parte de actividades conmemorativas de su 50º aniversario, en ANFE, de 6 a 7 y media, se efectuará el foro “Microcrédito y Propiedad: El caso de FINCA (Fundación Integral Campesina)”. Coordinado por el Ing. Andrés Pozuelo, la Lic. María Martha Padilla y el Lic. Luis Jiménez departirán sobre un tema de enorme interés desde nuestra manera de pensar: cómo mediante préstamos eficientes, principalmente a pequeños empresarios rurales, se desarrollan sistemas de propiedad privada que les permiten crecer y progresar en libertad. La asistencia es gratuita y abierta al público, si bien se necesita reservar cupo en los tels. 2253 4460 y 2224 7350.
La semana pasada la entidad estatal encargada de regular los precios públicos (muchos de ellos sus propios monopolios) nos anunció un “pequeño” aumento de entre el 11% y el 72% en el costo de la electricidad para los hogares costarricenses. Entrecomillo “pequeño” porque, insaciable, el ICE desde ahora nos anuncia que requiere de otro “aumentillo” para el año entrante. Es decir, ni siquiera van a dejar que el cadáver se enfríe para recetarle una nueva alza.
Puede ser cierto que estos incrementos se requieran para asegurar una provisión adecuada de electricidad, en especial ante el aumento internacional en el precio del combustible usado en producir energía térmica, pero hay ciertas cosas que no parecen estar bien y, por el contrario, evidenciarían aquello de que “en río revuelto, ganancia de pescador”. El alza en combustibles debe enfrentarse adecuadamente encareciendo la electricidad que los usa, pero hay otras razones que se han argüido para justificar dicho aumento que no parecen ser veraces.
Una es que el aumento se hace para darle recursos al ICE para construir plantas hidroeléctricas que sustituyan la producción térmica relativamente más cara. A primera vista, tal reconversión de la oferta parece convenir, pero lo cierto es que no se necesita aumentar el precio actual de la electricidad para realizar tal inversión. Lo usual es obtener recursos emprestados a largo plazo y recuperarlos con creces para amortizar la deuda por esa inversión con el paso del tiempo. En el pasado así lo ha hecho el ICE con sus diferentes plantas hidroeléctricas.
En segundo lugar, se ha demostrado que el ICE no es un dechado de frugalidad, pero tal comportamiento es esperado si cualquier gasto que haga recibe el sello automático de “aprobado” por el órgano regulatorio, que de inmediato traslada ese costo al consumidor cautivo del monopolio. Por ejemplo, resulta que en el 2006 y el 2007 los aumentos salariales fueron notoriamente superiores al crecimiento de la inflación (4.6% y 9% de más) y en el 2008 se estima un alza que excede a la inflación en un 20%. En el 2007 la planilla del sector eléctrico aumentó un 34%, casi un 30% del ingreso que el ICE recibe por vender electricidad. De esto casi no se habla.
Tercero, parece que ya afortunadamente el ICE va a “permitir” que el sector privado productor de energía hidroeléctrica complemente su producción propia. En el pasado reciente esa posibilidad les estaba vedada: a las empresas se les “incentivó” a ir a producir esa energía a Panamá y desde allá exportarla más cara a Costa Rica. Todo esto lo pagamos nosotros… ¡ARESEP, no nos defiendas compadre!