PRISMA
ESTAMOS VIVIENDO CON EL MIEDO COMO COMPAÑERO
Por William Gómez V
Director
Lo peor que le puede pasar a un pueblo es el negativismo, pues por más esfuerzos que ejecute el gobierno de turno, la sensación de temor por todo lo que gira alrededor hace que la percepción sea pesimista.
Y es que eso es lo que estamos experimentando casi todos los costarricenses sin que la realidad sea tan dramática como la pensamos.
Vivimos con el miedo al hampa común, al asalto cuando salimos del trabajo o de la casa. Cualquier nueva empresa o construcción que observamos la tildamos de lavadero de dinero del narcotráfico, al extremo que si nos ofrecen trabajo ahí, mejor decimos que no. Estamos pendientes de los vaivenes de la bolsa de valores de Nueva York, sin que tengamos un cinco en ella y ni la entendamos. También leemos o escuchamos que el precio del barril de petróleo subió a ciento diez dólares el barril y nos angustiamos. Además, estamos aterrados por los anuncios de una posible recesión en Estados Unidos.
A lo anterior le sumamos las noticias sobre una eminente explosión del volcán Turrialba, el aumento que viene en la electricidad, el pan, el arroz, los pasajes en autobuses. Como si fuera una novela de terror contábamos los días que faltaban para aprobar las leyes complementarias del TLC con Estados Unidos y ahora lo que nos resta para que se cumpla el nuevo plazo.
Desde luego que no podía faltar el temor porque nuestros hijos pierdan el curso en el colegio por la huelga de Profesores, o que nuestro vecino sea un infiltrado de las FARC en Costa Rica, o porque la gripe aviar llega a América en cualquier momento.
Esto sin contar la angustia porque se vence el recibo de la luz, que nos corten el celular porque hay que pagar dos veces por quincena los pagos atrasados y desde luego el abono a la tarjeta de crédito so pena de un embargo.
Estos son algunos de los temas de comentario cotidiano que podemos escuchar en los autobuses, restaurantes, salidas de misa...bueno, hasta en los estadios de fútbol o antes de iniciarse el concierto de algún artista extranjero al cual supuestamente asistimos para alegrar el espíritu.
Definitivamente que debemos cambiar de actitud, no hacernos un pueblo de irresponsables, pero tampoco de pesimistas. Dentro de los temas mencionados un alto porcentaje no nos incumbe o atañe directamente. En lugar de ello, debemos invertir el tiempo en organizar el barrio para enfrentar la delincuencia común, ahorrar en combustibles, electricidad, y los rubros en los cuales podemos incidir, pero compartir con nuestras familias, amistades o compañeros de trabajo ratos de esparcimiento, de conversaciones positivas sobre los éxitos estudiantiles de nuestros hijos, de la buena marcha de la empresa donde trabajamos, de nuestros planes de estudio, de matrimonio...en fin, orar ante la imagen feliz y radiante de un Jesús resucitado y no como lo hacemos siempre frente a un Jesús crucificado.