San José, Costa Rica, Martes 8 de abril de 2008, 21:40:25.


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SECUESTRADORA VIOLÓ A HOMBRES EN CAUTIVERIO

MARCO LEANDRO
mleandro@diarioextra.com
FOTO: RANDALL SANDOVAL

Bajo las más estrictas medidas de seguridad se inició ayer el juicio contra una banda de secuestradores compuesta por ocho hombres y cuatro mujeres que cometían sus fechorías en todo el país.
Con los ojos vendados, atados de pies y manos, uno a uno los secuestrados fueron desnudados y acostados en una cama. Como si se tratara de una sesión de erotismo, una mujer a la que no podían ver se aproximaba desnuda, delicada y sensualmente para tocar sus partes íntimas.

Los toqueteos eran solo el comienzo de los juegos que esta mujer miembro de una banda de secuestradores tenía con sus víctimas.

Tras el manoseo y las palabras al oído, la acusada, que desde ayer comparece en el banquillo de las salas de juicio como sospechosa de varios delitos, les practicaba sexo oral hasta que los ofendidos tuvieran una erección.

Logrando tal efecto en sus víctimas, les colocaba un preservativo y pese a la resistencia se hacía penetrar. En una relación monótona les hacía el sexo a los hombres, que seguían sin entender nada.

Más extraño aún, al lograr el orgasmo la joven guardaba el condón con todo y el semen, esto para luego premeditadamente acusarlos de violación.

Esta situación no es parte de una aberración sexual de una película de bajo presupuesto sino lo que relató la fiscalía durante la acusación a la banda de secuestradores que desde ayer enfrenta la justicia.

LOS AMENAZABAN CON VOLARLES LA CABEZA

Según la acusación, no está claro cuál de las cuatro damas acusadas fue la abusadora, pero mientras se daba la violación, uno de los compinches de apellidos Araya Ramírez apuntaba con un arma a los ofendidos para que no pusieran resistencia.

Agregan que esto ocurrió en la casa de cautiverio en Guápiles y con dos de los cinco secuestrados. Primero se lo hicieron a un hombre de apellidos Duarte Moreno y después a Ospina Duarte, su yerno.

En el juicio, que se realiza desde ayer en los Tribunales de Justicia de San José, son juzgadas 12 personas, ocho hombres y cuatro mujeres. Entre ellos Araya Ramírez, su esposa Campos Fonseca y sus dos hijos Karla y Joguel.

De los acusados, solo tres gozan de libertad y los otros nueve guardan prisión preventiva.

La acusación del Ministerio Público es por cinco secuestros extorsivos, dos violaciones, un abuso sexual, dos extorsiones, una simulación de delito y asociación ilícita para delinquir.

BANDA DE SECUESTRADORES

Los hechos ocurrieron la primera semana de noviembre de 2005, cuando un matrimonio fue privado de su libertad por una banda de secuestradores “muy bien organizada, que se repartía las funciones, pero el líder era Araya Ramírez”, según la acusación de la fiscalía.

En este caso dos de los acusados se hicieron pasar por policías, que a punta de pistola y amenazas lograron que se les pagara $100 mil, pero cuando ya lo habían conseguido y los ofendidos pensaban que los iban a liberar pedían una cantidad igual. Sin embargo solo lograron $30 mil.

A esta pareja la mantuvieron privada de libertad una semana. Al final dejaron ir al esposo para que buscara dinero prestado para pagar a sus captores por la liberación de su cónyuge.

Esta situación fue aprovechada por uno de los plagiarios para intentar abusar a la mujer, cosa que no logró.

VIOLACIÓN: ÚLTIMO DE LOS PEDIDOS

Los otros ofendidos son los que llevaron la peor parte. No solo los despojaron de todo el dinero en efectivo y celulares sino que también los abusaron sexualmente. La violación fue el último de los pedidos de los secuestradores.

Este secuestro extorsivo fue a un empresario de transportes y su yerno. Para lograrlo, dos de los acusados se hicieron pasar por oficiales del Organismo de Investigación Judicial, los encañonaron y los llevaron hasta el cruce entre Coronado y Moravia, donde tenían preparada una vivienda para el cautiverio.

A ambos los trataron muy mal. Atados de pies y manos, y con los ojos vendados, los agarraron a patadas y los ofendieron hasta más no poder. “Los agarraron a patadas y puñetazos para meterlos en el cuarto”, se indicó en la acusación.

Los indicaron que debían entregarles todo el dinero que tenían, no solo en efectivo sino en las cuentas bancarias, que les entregaran las tarjetas de crédito, de débito y las claves personales. Además debían traspasarles las propiedades y vehículos a una persona que les indicarían.

Lo hicieron a regañadientes y cuando iban a dejarlos libres les dijeron que antes debían hacer una cosa más. Así fue cuando uno a uno los acostaron en la cama, vendados, atados de pies y manos.

Luego entró a la habitación una mujer sensual y joven, no identificada, quien con movimientos sensuales comenzó a acariciarlos y rozarlos con los senos y partes íntimas hasta que tuvieran una erección.

Así, bien excitados, se montó sobre cada uno de ellos hasta lograr la penetración, luego les quitó el preservativo y se marchó. Nunca supieron cuál de las cuatro mujeres de la banda de secuestradores era.

Después de la violación fueron liberados, sin saber que a quien habían traspasado los bienes era otro secuestrado que mantenían en otra vivienda en iguales condiciones que ellos, pero sin sexo.

El último secuestrado es de apellidos Gómez Murillo, a quien obligaron a traspasar cabezales y otros bienes a nombre de los secuestradores, y al mismo tiempo fue a éste, sin saberlo, a quien le traspasaron las propiedades de los otros secuestrados.

Por eso un mes después de liberado volvieron a buscarlo para que firmara una hipoteca por $200 mil por las propiedades que le habían traspasado ilegalmente.

JUICIO PARA DOS MESES

Para este juicio se han aplicado todas las medidas de seguridad al considerarse que es una banda muy peligrosa y está previsto que se prolongue unos dos meses, según manifestaron los propios jueces del Tribunal de Juicio de Hatillo.


 
 
 


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