PRISMA
LAS OCHENTA Y DOS NIÑAS ESCOLARES EMBARAZADAS
Por William Gómez V
Director
A mi criterio, la noticia más importante de la semana no fue la renuncia o despido del hoy ex ministro de Seguridad Pública, Fernando Berrocal, tampoco el nombramiento de emergencia y por lo tanto fugaz de la señora vicepresidenta y ministra de Justicia, Laura Chinchilla, en dicha cartera, ni tampoco el nombramiento de la distinguida hoy ex diputada Janina del Vecchio como ministra de Seguridad Publica, sino la noticia dada por el titular de Educación Leonardo Garnier sobre la existencia de ochenta y dos niñas escolares embarazadas.
Esta es la noticia que merece una atención inmediata y la búsqueda de explicaciones que allanen el camino a las posibles soluciones.
En primera instancia tenemos el problema que la tercera generación está velando y tratando de educar a la primera generación, pues la segunda anda trabajando. En otras palabras, los abuelos son en gran medida los que están cuidando a los niños, pues tanto el padre como la madre deben trabajar. No se trata de culpar a los abuelos por bonachones, porque pueden ser estrictos pero los niños no atienden sus órdenes al no considerarlos sus padres.
Otro factor a tomar en cuenta es la buena alimentación que la gran mayoría de niños han recibido y que los hace desarrollar sus cuerpos precozmente. Y es que uno va a una escuela y se encuentra varoncitos de cuarto, quinto y sexto grado con alturas de un metro ochenta y complexión muscular de un muchacho de 18 años. Igual sucede con las niñas que en esos mismo niveles de educación ya son virtualmente señoritas totalmente desarrolladas con bustos formados, anchas caderas, piernas gruesas y en fin, quienes también parecen adolescentes de 18 años y no niñas de escuela.
A lo anterior debemos agregarle el impedimento que ahora tienen los maestros de llamarles la atención a sus alumnos so pena de ser demandados y hasta acabar en la cárcel. Entonces, aunque vean a una pareja de sus alumnos en caricias sexuales y otros actos indebidos, no pueden llamarles la atención y desalentar este tipo de hechos, los cuales son el preludio de la relación sexual y posterior embarazo.
Si a ese nefasto caldo de cultivo le agregamos la difusión de los medios de comunicación en materia sexual, especialmente la televisión, que si bien es cierto acabaron con los tabúes como que los bebés venían de París y los traía una cigüeña, también es cierto que abrieron los portillos para el ejercicio sexual sin rubor alguno.
La tarea es grande, pero como todo en el quehacer humano, la trinchera para evitar estas injusticias a la niñez, debe empezar desde el hogar y la escuela, pero para ello hay que volver a dotar de poder a los padres, abuelos y maestros.