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EL CASO BERROCAL

Por William Gómez V
Director

Opinar o fijar una posición en el caso del hoy ex ministro de Seguridad Pública Fernando Berrocal Soto, es temerario si no se conoce toda la verdad. Y tanto para mi como para la gran mayoría de costarricenses esa verdad es un misterio, pues solo los contados protagonistas la conocen tal y como es.

Alzar el ancla y ser parte de la tripulación navegando en el barco de las víctimas al lado de don Fernando es fácil y lo más aplaudido. Quedarnos en el muelle, en tierra firme y apostando a la seguridad junto al presidente Arias, es lo cómodo.

Pero al ser ignorantes de la verdad, caemos en el mar de las especulaciones entre las olas de la ética, moral, solidaridad, responsabilidades, deberes, obligaciones, prudencia y atentos al tsunami de los intereses.

Y es que la política es un ajedrez sumamente delicado donde el jaque mate nunca se puede dar. Si no que lo diga el otra vez presidente peruano Allan García, exilado por las acusaciones de corrupción, tildado de cadáver político y hoy resucitado, tan sólo para poner un ejemplo.

Lo que sí tengo muy claro es que la magnitud del hecho se gestó por un error de estrategia. Esto porque para nadie era un secreto que el enfrentamiento entre el presidente Arias y su ministro de Seguridad Fernando Berrocal era público y notorio, e incluso, mas tenso con el ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias, pero el hilo se rompió cuando se daba la puntada más fina y ese fue el pecado.

Quedó la impresión para el pueblo que se obligó a callar al ministro Fernando Berrocal y entonces de por medio había un “gran secreto”. Quizás sí, quizás no. Esto porque ni el ex Ministro ha dicho que le obligaron a callar, ni el presidente Arias que evitó que generara.

Ahora bien, lo correcto hubiese sido dejar que don Fernando compareciera ante la Asamblea Legislativa y si no tenía pruebas de lo que pudo haber dicho, la destitución por irresponsable contaría con el aplauso general. Sin embargo, el decir en los corrillos cercanos al Presidente es que la destitución habría sido tarde dadas las repercusiones para el país de sus posibles manifestaciones aunque no tuvieran asidero legal.

El problema es que nadie sabe realmente que iba a decir o que se evitó que dijera y de ahí surgen todas las interrogantes y especialmente las especulaciones en torno a lo sucedido.

Pero tal como una película de misterio, ahora el ex ministro Berrocal se ofrece a comparecer ante los diputados como un ciudadano común, pero para saber el final deberemos esperar de quince a veintidós días a que los diputados lo convoquen. Mientras tanto, lo prudente es esperar sin precipitarnos, quizás nos espere una gran sorpresa, quizás no. Ahora lo peor que nos puede pasar es que los diputados no lo convoquen, eso sería como que si se fuera la electricidad en el momento final de esa película de misterio. Aunque nos quedaría una opción, que cuente su historia en DIARIO EXTRA…


 
 
 




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