EE.UU. RECORDÓ PESADILLA DE GOLPE TERRORISTA
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Pese a los años, el dolor no acaba en los familiares de quienes murieron enterrados bajo los escombros de las torres gemelas. EFE
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Washington (EFE).- Repicar de campanas, oraciones, banderas a media asta y llanto marcaron ayer el sexto aniversario de los atentados del 11 de septiembre en todo Estados Unidos, un día grabado a fuego en la memoria de sus habitantes.
La población recordó con el silencio los instantes críticos de esa mañana, una de esas fechas en las que todo el mundo sabe dónde estaba y qué hacía.
Abrió las ceremonias el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, desde el jardín sur de la Casa Blanca, con vistas al obelisco gigante en honor del padre de la patria, George Washington.
Eran las 8.46 de la mañana, el instante exacto en el que una aeronave, una avioneta se dijo al principio, se estrellaba contra una de las Torres Gemelas de Nueva York, el símbolo del poder económico de Estados Unidos.
En silencio lo recordaron Bush y su mujer, Laura Bush, el vicepresidente Dick Cheney y su esposa, Lynne Cheney, y miembros del gabinete, además de cocineros, jardineros, personal de limpieza y otros empleados de la Casa Blanca.
El mismo silencio mantuvieron policías, bomberos y familiares de los caídos en un parque de Manhattan, en Nueva York, entre banderas de Estados Unidos y lágrimas mal contenidas.
La lluvia palpitaba al caer sobre una pileta, en el corazón de la “zona cero”, donde flotan rosas en honor de los 2.750 muertos en ese lugar.
De ahí el silencio pasó a Washington, al pie de una bandera colgada desde el techo del Pentágono, como la que colocaron unos patriotas después de que el vuelo 77 reventase un ala del edificio que simboliza el poder militar de Estados Unidos.
El silencio volvió a Nueva York, para marcar la caída de la Torre Sur, ocurrida cuatro minutos antes de que los pasajeros del vuelo 93 tomaran la iniciativa sobre el cielo de Pensilvania y se abalanzaran sobre los secuestradores. Aun así, el clima es diferente al de otros años. La fecha no ha atraído la atención especial que tuvo en el 2006, durante el quinto aniversario.
Las cadenas de televisión apenas han emitido imágenes de las torres y el Pentágono en llamas, o del caos en sus inmediaciones y el horror en los ojos de las personas que escapaban. Hay un deseo de curar las heridas.
Ya no es tampoco un día en el que toda protesta era acallada, por respeto.