• Fue un tajo abandonado en Tibás:
CONOZCA LA HUERTA CON LAS VERDURAS GIGANTES
BETANIA ARTAVIA
bartavia@diarioextra.com
Fotos: Randall Sandoval
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LISTO PARA LA SOPA. Este pequeño gigante de 30 kilos y a medio sazonar, es arrancado de la mata para llevarlo a la casa, donde cuando esté listo lo partirán para venderlo por kilos.
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Las orillas del Río Virilla, en Tibás, ocultan una verdadera huerta de gigantes, no es que allí viva el gigante de los cuentos, sino que todo lo que se siembra en ella crece exageradamente.
Los ayotes llegan a pesar más de 30 kilos, la yuca es enorme, y ni qué se diga del ñame y el ñampí. Hasta los elotes crecen más de lo normal, y todo al natural, según explica don Miguel Ángel Carvajal, quien lleva más 30 años de vivir y sembrar en lo que hace 35 años era un botadero en los márgenes del río.
La tierra es tan buena que todo pega, según explicó don Miguel, y no solo pega, sino que crece y se desarrolla con tal fuerza, que una planta de ñame es una verdadera cepa que podría servir perfectamente de techo en un aguacero, sus tallos miden más de un metro.
Las plantas de yuca sobrepasan el metro y medio y el grosor de sus tallos evidencia el tamaño de la yuca que se oculta bajo tierra, porque todavía no es tiempo de sacarla.
“Las yucas que saco de aquí son grandísimas, la gente se admira de lo grandes y gruesas, y ni qué se diga del sabor, usted las hace con agua de sal nada más y saben muy bien porque no tienen ningún abono, es solo la tierra, que es buena tierra”, explicó don Miguel, experto agricultor.
DE TAJO A HUERTA
“Esto era un tajo lo dejaron abandonado, después hicieron un botadero al otro lado, y todavía en verano el zacate se quema por el calor de las brasas que están en el fondo, por eso ahí casi no voy, prefiero sembrar de este lado, aquí lo mantengo limpio y siembro de todo”, explicó don Miguel.
Él llegó con su madre hace 35 años, hicieron una casa y sembraban algunas cositas en los alrededores, no les faltaba una mata de chayote, los guineos, ayotes y elotes para el gasto. Cuando quedó abandonado el tajo, ellos fueron sembrando cada vez más allá.
“Siempre manteníamos bien limpio, y fuimos sembrando, cada vez más allá. Yo siembro ahora hasta la orilla del río, al otro lado solo voy a limpiar y a cuidar que no se metan precaristas, porque ahí es peligroso. Una vez me hundí hasta la cintura, y en el fondo hay como brazas”, recordó.
GIGANTES OCULTOS BAJO LAS HOJAS
Las enormes hojas de las matas de ayote y de ñame no dejan ver las maravillas que se esconden en las orillas del río Virilla, que don Miguel Ángel cuida esmeradamente cada día.
Sale muy temprano machete en mano a sembrar a finales de septiembre y a principios de febrero, aprovechando las semillas de los mejores ayotes y las mazorcas más grandes. Esas semillas las deja secar al sol, y las guarda con cuidado para usarlas en la siembra.
El resto del año se dedica a cuidar su huerta de gigantes, algunos días sale a chapear el monte y la mala hierba, otros a acomodar sus pequeños gigantes, ya que debe irlos cubriendo con hojas de la mismas plantas para protegerlos de los animales y de los amigos de lo ajeno, que a veces se le meten a la finca por el río. “Yo los tapo bien, y por más grandes que sean hay que tener buen ojo y paciencia para encontrarlos, porque quedan bien escondidos”, comentó, hasta hay unos ayotes que cuelgan del paredón sosteniéndose apenas del bejuco de la mata.
Las lluvias convierten en un suampo su tierra, pero eso no es obstáculo para que él siga vigilando sus gigantes, no importa si llueve o hace sol, él siempre acompañado de su machete y sus dos perros, recorre la finca.
Cuando llega el momento de cortar debe subir y bajar de la casa al río en muchas ocasiones, ya que debido al tamaño y peso de sus ayotes, solo puede sacar dos por viaje y a veces uno, porque no es fácil subir 30 kilos de peso al hombro, y eso es lo que pesan los más grandes de sus ayotes.
“Los vendemos aquí en el barrio, en pedazos de kilo y medio o dos kilos, nadie se lleva uno de estos grandototes, pero sí se admiran cuando llegan y los ven en la casa”, explicó. Si usted quiere probar estos pequeños gigantes, dése una vuelta por La Florida de Tibás, allí cualquiera le dice cómo llegar donde Miguel Ángel, el de los ayotes gigantes.