EDITORIAL
MAÑANA UNIMOS LA FAMILIA
William Gómez Vargas*
En un país formado por personas capaces e inteligentes, es común que dentro de un mismo núcleo familiar existan discrepancias sobre uno o varios temas. Tanto nos hemos superado los costarricenses que casi todos tenemos más estudios que nuestros padres y a la vez nuestros padres lograron más estudios que nuestros abuelos. Y es lógico que esto suceda en un país que fue forjado por educadores y en donde casi en todas las familias tenemos el orgullo de haber tenido o de tener un educador.
Con estos antecedentes de estudio y preparación era de esperar que las posiciones sobre un tema tan complejo como lo es el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, se dividieran, hasta dentro de las mismas familias. Y es que, así como cada uno de nosotros ve la vida diferente, también el análisis sobre el llamado simplemente TLC, nos ha colocado en la silla del frente del amigo, del compañero de trabajo, de la hermana y hasta del padre o madre, porque también, gracias a nuestra preparación, cada uno tiene su propio criterio formado, sea al tenor de sus principios históricos, sus anhelos, sueños, responsabilidades o visión de que es lo mejor para nuestro país.
Pero justamente esa parte final es la que más nos debe importar, nuestro criterio de lo que es mejor para nuestro país, porque tanto deben respetar nuestras opiniones como nosotros debemos respetar las de los otros.
Mañana es la cita. Es una cita con la historia. Es nuestro primer referéndum y la responsabilidad de lo que decidamos nos las pueden aplaudir o silbar las generaciones futuras. Aunque cada uno de nosotros tendrá el sosiego mental que actuamos de la manera que nuestra conciencia nos dictaba era lo mejor.
Sin embargo, de lo que sí podemos estar seguros es que esas generaciones se sentirán avergonzadas y nos recriminarán para siempre si hacemos de la tradicional fiesta democrática un bochorno.
Si confundimos libertad con libertinaje, el triunfo como burla o la derrota como robo. Esas generaciones del mañana se sentirán avergonzadas de quienes no supimos defender nuestra democracia con el arma del voto y no con la pedrada o el garrotazo.
Es por eso, estimados compatriotas, que si hemos estado enfrentados y divididos por el criterio particular sobre si nos conviene o no este TLC, mañana serán las urnas quienes hagan la función de conciliadores y nosotros, ante ellas, debemos proceder a unir de nuevo a la gran familia costarricense, entonando juntos el Himno Nacional al inicio del acto oficial en el Tribunal Supremo de Elecciones, previo a los resultados y acostarnos perdedores y ganadores, seguros que la mayoría escogió lo mejor para el nuevo amanecer del lunes, más unidos que nunca.
*Director