• Reforma a Ley de Representantes de Casas Extranjeras:
APROBADO PRIMER PROYECTO DEL TLC
Gerardo Ruiz Ramón
gruiz@diarioextra.com
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El diputado Sergio Alfaro del PAC, afirmó que la reforma a la Ley de Representantes de Casas Extranjeras pone en desventaja a los pequeños empresarios, respecto de las empresas transnacionales que decidan representar en el país.
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Los diputados de la coalición de los 38 lograron concretar la aprobación del proyecto de reforma a la Ley de Representantes de Casas Extranjeras, iniciativa que forma parte de la agenda de implementación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.
Esa lista de proyectos es de indispensable ratificación para que el acuerdo comercial aprobado en el referendo del pasado 7 de octubre pueda entrar en vigencia.
Según fuentes oficialistas, la fecha límite para que Costa Rica goce de la certificación del gobierno de los Estados Unidos es el 1 de marzo de 2008.
SEGUNDO Y ÚLTIMO DEBATE
La reforma a la Ley de Representantes de Casas Extranjeras se aprobó en segundo y último debate el pasado lunes al filo de las 11:30 de la noche.
El final del trámite del proyecto se dio días después de que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia determinara que ni el fondo de la iniciativa, ni el trámite que se utilizó para discutirla rozaban con la Constitución Política. El proyecto había recibido votación en primer debate el pasado 23 de octubre.
PROS Y CONTRAS
Los defensores de la iniciativa consideran que la reforma vendrá a instaurar la seguridad jurídica en las relaciones entre los empresarios costarricenses que decidan representar una marca, y la casa matriz o fabricante.
Además, resaltan que se instaurarán mecanismos simplificados de resolución de conflictos que favorecerán a ambas partes, potenciando al país como destino de inversión.
La contraparte, las bancadas que adversan el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, consideran que la reforma a la Ley de Representantes de Casas Extranjeras perjudicará a los pequeños empresarios que deseen representar una marca internacional, al obligarlos a firmar un contrato donde se comprometan a hacerle frente a un arbitraje en sede internacional, en caso de que afloren diferencias con la transnacional representada.