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• Dijo Juan Escorcia, padre de niño atacado por cocodrilo

"SIEMPRE LLEVARÉ CONMIGO EL AROMA DE MI HIJO"

FABIÁN MEZA
fmeza@diarioextra.com
Fotos: Héctor Rodríguez
ENVIADOS ESPECIALES

El mayor sueño de Breidy era estudiar para ser un astronauta, como Franklin Chang.
SAN FRANCISCO DE TORTUGUERO. Desde la sala de su casa, donde pasó toda la noche sin cerrar los ojos, sin sentir frío y mucho menos calor; atormentado por la trágica muerte de Breidy, su hijo menor, Pablo Escorcia nos contó, entre ratos de desesperación acompañados de un llanto que parece que no acaba, cómo era su pequeño, el menor de 13 años que la tarde del viernes murió en las fauces de un enorme cocodrilo, en las aguas de Tortuguero, Pococí de Limón.

Era el primer día de un calvario para esta humilde familia, la cual aún no puede creer la tragedia que están viviendo y que ansiosa, pero dolida, espera que el cuerpo del pequeño aparezca cuanto antes, para darle sepultura.

El olor de Breidy habita aún en los sencillos cuartos de madera, así también su recuerdo, el que nunca podrá olvidarse, nos cuenta su padre, quien no encuentra minutos de quietud por la trágica muerte. “Siempre llevaré conmigo el aroma de mi hijo”, dijo notablemente afectado.

En la casa aún quedan, ingratos, sus recuerdos pegados con chinches a la pared: el título de la escuela, su foto de los seis meses, la foto que le tomaron junto con su inseparable hermano Juan Pablo y un dibujo de un tucán, de los que le encantaba hacerle a su papá.

Y es que la desgracia los sorprendió de forma inocente, el niño solo quería bañarse y jugar en la laguna, donde su padre le había prohibido muchas veces meterse.

QUERÍA SER ASTRONAUTA

“Desde los seis años, decía que iba a ser astronauta, que iba a ir a la Luna. Él era un excelente estudiante, ya estaba en primer año del colegio en el pueblo”, palabras de su padre, empañadas por las lágrimas.

“Yo amaba a mi hijo, él admiraba a Franklin Chang, me decía: papito cuando yo sea grade quiero ser como él para viajar al espacio”, agregó Escorcia. Con mas de 24 horas de desaparecido, don Pablo guarda la esperanza de darle cristiana sepultura a Breidy, cuyo cuerpo ha sido visto por boteros de la zona, en las fauces del enorme animal, que lo aprieta y no lo suelta.

“Ahora que anduvimos buscándolo, vimos un pedazo del cuerpo, en el hocico del cocodrilo, por mas que lo golpeamos con el remo no lo quiso soltar”, explicó Allan Cascante, lugareño que se unió a la búsqueda del cuerpo.

“Guardo la esperanza que el animal no lo haya devorado, tengo la fe en Dios que el río me lo devuelva”, dice esperanzado, con el pulso alterado y su rostro bañado en lágrimas.

“Vivo es imposible encontrarlo, eso lo sé, pero al menos el cuerpecito para enterrarlo. El hotel donde trabajo, Laguna Lodge, me está ayudando con todo, con comestible y se va a hacer cargo del funeral, apenas aparezca”, agregó.

Boteros de la zona, vecinos y oficiales de Guardacostas y Cruz Roja patrullaban para tratar de encontrar el cuerpo, pero nada, parece como si el enorme animal lo hubiera devorado.


• Antes de morir, niño se despidió de su hermano

“ADIÓS PABLITO HASTA LUEGO, YO YA ME VOY”

FABIÁN MEZA
fmeza@diarioextra.com
Fotos: Héctor Rodríguez
ENVIADOS ESPECIALES

Antes de morir, Breidy Escorcia le dijo a su hermano: “adiós Pablito, hasta luego, yo ya me voy, nunca vuelva a bañarse aquí, despídame de papi”.
Los últimos minutos que Breidy Escorcia estuvo con vida, su lucha contra el cocodrilo y los intentos por salir a la orilla, fueron seguidos de cerca por su hermano Juan Pablo,
Cuando conversamos con el menor su estado era de shock, no podía hablar, apenas respondía si ó no; no era para menos, él vio al reptil sumergiendo al pequeño, quien tuvo tiempo de hablarle, de despedirse.

Adrián Alfonso Jiménez Cascante, otro de los niños que jugaba en el agua al momento del ataque, narró la angustia de los últimos momentos de vida del menor.

“Estábamos jugando de empujarnos, en el agua, cuando en eso, el cocodrilo agarró de la pierna a Breidy y comenzó a sacudirlo para todo lado, mi hermano Fabián se le paró encima, entonces el cocodrilo le pegó con la cola y lo mandó al suelo”, narró el menor.

“Le daba vueltas, se lo llevó, lo sumergió unas tres veces y el chiquillo trataba de salir, nos gritaba auxilio, pero el cocodrilo lo volvía a agarrar”, agregó.

“En eso Breidy se le quedó viendo al hermano y le dijo: Pablito me volvió a agarrar, ya me cortó el pie, adiós Pablito, hasta luego, yo ya me voy, nunca vuelva a bañarse aquí, despídame de papi”, con esas palabras el pequeño le dijo adiós a su hermano y ese recuerdo no se le ha borrado a Pablo, que cada vez que cierra los ojos y lo revive, el dolor le brota por los ojos.

Los menores que jugaban con Escorcia confesaron que se bañaban en ese lugar porque el manglar los tapaba, de esa manera sus padres no los podían ver, pues no tenían permiso de meterse al río.

“Mi hermano y yo éramos inseparables, siempre jugábamos juntos”, pudo decir Pablo, luego siguió llorando, como su padre, como su madre, como sus tías...


• Niños se bañaban en manglar para que papá no los viera

REPTIL ATACÓ PORQUE LE INVADIERON SU GUARIDA

FABIÁN MEZA
fmeza@diarioextra.com
Fotos: Héctor Rodríguez
ENVIADOS ESPECIALES

El cocodrilo atacó a los niños, en este manglar donde jugaban a escondidas de su padre, este era territorio del reptil, su casa.
Según los vecinos de San Francisco de Tortuguero, el lugar donde se encontraban bañándose Breidy Escorcia, su hemano Juan Pablo y sus amigos José Fabián Jiménez Cascante y Adrián Alfonso Jiménez Cascante, era ni mas ni menos que la guarida del cocodrilo, donde incluso. hasta tuvo crías.

Oscar Vaquedano, un hombre que toda su vida la ha pasado a la orilla de los canales de Tortuguero, no recuerda un ataque de este tipo antes.

“La gente en el pueblo está consternada, nunca había pasado algo así, el cocodrilo mataba chanchos y perros, pero nunca una persona, es la primera vez”, dijo el hombre.

Allan Cascante, quien conoció a Breidy, indicó que en el lugar del ataque, era común ver no solo a ese enorme reptil, sino a muchos más. “El bañadero de ellos era ahí, debajo del manglar, para que no los vieran, pero también era la casa del cocodrilo, donde hasta tuvo crías”, señaló Cascante. Y es que debajo de las ramas, no había riesgo de que el padre de Escorcia los observara bañándose, pues le tenía terminantemente prohibido meterse en el río.

“Le vivía diciendo a ellos, no vayan al río, no se bañen por el riesgo de que los ataque un animal, pero así son los chiquillos, no hacen caso”, comentó el padre, Pablo Escorcia.

Su madre, Juana Arriola, sumida en su dolor, recostada a la cama del difunto reconoció que Breidy se escapaba para bañarse en el río.

“Cuando venía a verlos se iba al río sin permiso, se escapaba” susurró la nicaragüense, quien vive en Sixaola y ocasionalmente visita a sus hijos.

PARA AYUDAR A LA FAMILIA EN SU TRAGEDIA:

Comunicarse al teléfono:

709-8186 / 709-8196


 
 
 


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