PRISMA
LOS HIJOS Y ATENDER EL CONSEJO DE PAPÁS
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Cuando llegamos a la edad adulta y meditamos un poquito sobre las cosas que hemos hecho a través de la vida, nos damos cuenta que verdaderamente en muchas ocasiones actuamos de manera irresponsable, sobre todo cuanto estábamos en aquella etapa tan difícil llamada adolescencia. Así es... cuando papá o mamá nos decían “no hagan algo”, más rápido lo hacíamos o protestábamos, a veces hasta por rebeldía nos escapábamos de la casa sin que nuestros padres se dieran cuenta, porque sentíamos que nuestros papás no nos dejaban hacer algo por “pura majadería”, sin embargo, ahora que somos mayores y maduros descubrimos que lo hacían por nuestro bien, y quizá más de una de sus “boberías” nos salvaron la vida.
Pero bien... la cadena continúa y ahora somos nosotros los que debemos luchar por enseñarle el camino más adecuado a nuestros muchachos para tratar de que no se desvíen y caigan al abismo de la droga o la prostitución, porque lo que sí es cierto es que nadie quiere ver a sus hijos hundidos en la perdición, por eso, aunque nos digan majaderos y anticuados debemos evitar que los jóvenes caigan en el exceso... una cosa son los permisos para disfrutar con los amigos sanamente, y otra muy diferente es permitirles que caigan en el libertinaje.
Para tratar de ayudar a conducir a los muchachos por el camino del bien, hoy les voy a reproducir un lindo mensaje que me envió una querida lectora para que compartiera con todos ustedes. El testimonio representa lo que les podría suceder por no obedecer a papá y mamá, léanlo detenidamente y compártalo con la familia y amigos, quizá eso los orientará mejor en la vida ayudándolos a tomar el camino más adecuado para triunfar.
Dice así: Jenny pensó que sus padres no le darían permiso para irse de fiesta con unos amigos, de manera que les mintió y les dijo que iba al cine con una compañera. Aunque se sintió un poco mal porque no les dijo la verdad, tampoco le dio muchas vueltas al asunto y se dispuso a divertirse.
La pizza estuvo bien y la fiesta genial: al final su amigo Pedro, quien ya estaba medio borracho, la invitó a dar un paseo, pero primero quiso darse una fumadita...
De repente Pedro comenzó a propasarse. Eso no era lo que Jenny quería del todo. “Tal vez mis padres tienen razón” - pensó-; “quizás soy muy joven para salir así.” “¿Cómo pude ser tan tonta?” “Por favor, Pedro -dijo-llévame a casa, no me quiero quedar”. Molesto, Pedro arrancó el carro y comenzó a conducir a toda velocidad. Jenny, asustada, le rogó que fuera más despacio, pero mientras más le suplicaba, más pisaba el acelerador.
De repente, vio un gran resplandor. “Oh, Dios ayúdanos. ¡Vamos a
chocar! Ella recibió toda la fuerza del impacto, todo de repente se puso negro. Aun consciente, sintió que alguien la sacó del carro retorcido, y escuchó voces: ¡llamen a la ambulancia! “Estos jóvenes están en problemas”.
Le pareció oír que había dos carros involucrados en el choque.
Despertó en el hospital viendo caras tristes. “Estuviste en un choque terrible”- dijo alguien. En medio de la confusión se enteró de que Pedro estaba muerto. A ella misma le dijeron “Jenny, hacemos todo lo que podemos, pero parece ser que te perderemos”.
¿Y la gente del otro carro? Preguntó Jenny llorando. “También murieron” le contestaron. Jenny rezó: “Dios perdóname por lo que he hecho, yo sólo quería una noche de diversión”. Y dirigiéndose a una de las enfermeras pidió: “Por favor, dígale a la familia de los que iban en
el otro carro que me perdonen que yo quisiera regresarles a sus seres queridos. Por favor enfermera, ¿Les podrá decir esto de mi parte?
Dígale a mi mamá y a mi papá que lo siento, porque
mentí, y que me siento culpable porque varios hayan muerto. La enfermera se quedó callada, como una estatua. Instantes después, Jenny murió.
Un hombre cuestionó entonces a la enfermera: “¿Por qué no hizo lo posible para cumplir la última voluntad de esa niña?” La enfermera miró al hombre con ojos llenos de tristeza, y le dijo: “Porque la gente en el otro carro eran su papá y su mamá que habían salido a buscarla”. Esta historia es muy triste... seguramente le sacará las lágrimas a más de uno, por eso obedezca a papá y a mamá para que nunca le ocurra lo que le pasó a Jenny.