San José, Costa Rica, Martes 13 de marzo de 2007, 10:51:20.


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LA LEY A SU ALCANCE

“EL PELO DE UN BIGOTE Y LOS SINVERGÜENZAS”

Por Mario Ugalde C.

Subdirector
mugalde@diarioextra.com

¡Cómo añoramos la Costa Rica de nuestros antepasados!, aquella en la que solo las transacciones comerciales muy grandes se constituían en documentos legales en los que se dejaba constancia de las obligaciones adquiridas, pero en las otras la palabra tenía mucho más valor que el que actualmente tiene un pagaré o una letra de cambio autenticada por diez de los mejores abogados.

Me contaba mi abuelita que a principios del siglo pasado si zutano o mengano contraían una obligación, con solo decir “le doy mi palabra que...” era suficiente para hacer el negocio. La palabra era tan valiosa que muchos decían la famosa frase “más vale el pelo de un bigote que cualquier documento legal”, y verdaderamente eso era así.

En el peor de los casos, si la deuda no era cancelada el día y hora convenida, rápidamente se “corría la bola” de que Juan no le pagó a Pedro y con solo eso el “amarraperros” perdía el prestigio y era señalado por todo el barrio, al hombre le daba vergüenza y corría a pagar.

Por supuesto que de vez en cuando no faltaba algún personaje de poco cuño que se hiciera el gato bravo para no cancelar. La solución entonces era muy sencilla: el acreedor encontraba una persona que, vestida especialmente para la ocasión con colores chillantes como rojo, verde, y amarillo, que recordaban a los pericos, visitaba al deudor para cobrarle y literalmente se convertía en su sombra mientras no pagara, hecho que no pasaba inadvertido en el San José de antaño, -pequeña aldea comparada con el actual-, pero más digna y tranquila.

Así, el deudor pasaba a ser objeto de toda clase de chistes, comentarios y burlas, trayendo, incluso, las molestias a su núcleo familiar, pues era muy común escuchar que su papá, su suegro, abuelo o hermano, anda con “perico”. Al final la deuda era cancelada a como diera lugar, todavía existían principios y la vergüenza por no pagar era elemento común del comportamiento humano de aquella Costa Rica. Pero hoy, desgraciadamente, sucede todo lo contrario, ya nadie se avergüenza por deber y no pagar. En las diferentes empresas hay trabajadores que los días de pago se esconden para no honrar sus deudas. ¡No sean sinvergüenzas!
Pareciera que la pérdida de la vergüenza avanza acorde con el desarrollo.

Ahora deber y no pagar no constituye molestia, ni preocupaciones de ninguna especie. El Estado debe, las instituciones deben, las personas físicas y jurídicas deben, el país debe y por eso está a merced de la “misericordia” internacional, el común denominador es que nadie paga, pareciera que todos son “lampiños”, ya el “pelo del bigote” no existe porque se perdió la dignidad.

Lástima que ya no vive aquella gente honrada... si los abuelitos resucitaran desearían volverse a morir porque no soportarían estar rodeados de tanto “cara e’ barro”.


 
 
 




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