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Un sistema político que funcione con personas normales y no solo con héroes

Luis Di Mare H - dimareluis@anfe.or.cr

El estado usa la fuerza estableciendo leyes que obliga a cumplir. Por ejemplo, el estado obliga a respetar el compromiso de devolver el dinero solicitado en préstamo o a detenerse ante un semáforo en rojo. También prohíbe actos como matar o robar. Pocos cuestionan que algunas de estas prohibiciones y obligaciones mejoren la vida en sociedad. Pero, desgraciadamente, el abuso de esa fuerza por parte del estado siempre ha sido una calamidad mayor de la raza humana.

Opositores al Tratado de Libre Comercio TLC critican que este permitiría grandes negocios. Pero precisamente son personas y empresas que hacen negocios, grandes y pequeños, quienes compran o pagan al gobierno, a la fuerza, impuestos, cargas sociales, telecomunicaciones, seguros o combustibles. También se usa la fuerza para elevar artificialmente los precios del arroz y de otros productos de primera necesidad, los honorarios de abogados y de otros profesionales y el costo de establecer un negocio que cumpla los requisitos de ley.

¿Cuántos de los opositores al TLC son funcionarios públicos o productores protegidos que obtienen una parte importante de sus ganancias gracias al uso de la fuerza del estado? Este TLC parece oponer a quienes creemos que el uso de la fuerza es excesivo, con quienes no piensan así. El poder que nuestro sistema político otorga a cada diputado ya es excesivo, y el TLC ha resaltado eso: Se alega que el TLC podría decidirse por un solo voto. Pero, además, otros alegan que si se aprueba el TLC en la Asamblea Legislativa, la paz de Costa Rica podría estar en juego, porque muchos no aceptarían dicha decisión. Es tanto lo que está en juego, que las presiones sobre cada diputado son enormes, ¡ hasta amenazas se han visto!
Estas presiones, en mi opinión, requieren de un temperamento heroico para ser soportadas. Un sistema que necesita de héroes para funcionar bien, es un mal sistema. Un buen sistema debe funcionar con personas normales. El TLC debe votarse. No votarlo es rechazarlo. Someter el TLC a votación popular (referendo), como sugiere el Sr. José Miguel Corrales, es una salida pacífica, cuyo resultado pocos cuestionarían, y que quitaría esa presión a nuestros diputados. El referendo limita el poder de los políticos porque impide aprobar legislaciones que el pueblo rechaza. Hoy el poder de un partido político con mayoría legislativa es demasiado grande.

En México, después del TLC, la inversión extranjera directa (el establecimiento de fábricas o empresas de capital extranjero) aumentó muchísimo. En Costa Rica, dicha inversión llegó a niveles récord el año pasado. Si el TLC se aprueba, y dicha inversión continúa avanzando a esa velocidad y además el TLC permite más productos y servicios como telecomunicaciones y seguros de salud (y otros) a precio de ganga, haciendo estos bienes accesibles para muchos y, además, el gobierno no comete errores mayores (como establecer el devastador IVA o impuestos que ahuyentan el capital nacional y extranjero), sería tal la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía que, en mi humilde opinión, es posible que el PLN obtenga una mayoría legislativa importante en el 2010. Y no es conveniente que ningún partido político tenga tanto poder sin que dicho poder esté limitado por el referendo.


 
 
 




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