PRISMA
¡TRANQUILIDAD ANTE TODO!
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Actualmente tenemos tantos problemas y asuntos que resolver que muchas veces no sabemos ni como empezar, en lugar de mantenernos tranquilos para tomar las mejores decisiones, hacemos todo lo contrario... nos “alocamos” y empezamos a renegar, sin ni siquiera iniciar las tareas que se nos asignan. Incluso, a veces pensamos que nadie se da cuenta de todo lo que tenemos que resolver al mismo tiempo: trabajar, estudiar, encargarnos del hogar, ajustar nuestro presupuesto y seguir cumpliendo con nuestras responsabilidades, parece imposible que en medio de tantas preocupaciones y contratiempos, podamos conservar la serenidad para resolver todo sin caer en la desesperación ni afectar a los demás con nuestra impaciencia. ¿Cómo hacer para mejorar? Pues como decía el comediante mexicano Cantinflas... “Ahí está el detalle”.
Empecemos por tranquilizarnos... la serenidad nos hace mantener un estado de ánimo sosegado aún en las circunstancias más hostiles, sin exaltarse o deprimirse, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida, entendamos que si hacemos lo contrario estaremos agrandando el problema más de lo que realmente es, ¿“para que ahogarse en un vaso de agua”?
Cuando las dificultades nos aquejan, fácilmente podemos caer en la desesperación, nos sentimos tristes, irritables, y muchas veces en un callejón sin salida. A simple vista, el valor de la serenidad podría dejarse sólo para las personas que tienen pocos problemas, pero en realidad todos los tenemos, la diferencia está en la manera de hacerles frente.
Con el fin de conocer mejor la importancia de la tranquilidad, debemos hacer conciencia de algunas realidades que nos impiden lograr desarrollar este valor con eficacia. Para lograrlo no podemos abandonar nuestras ocupaciones habituales ni dejarnos arrastrar por la tristeza, o esperar a que alguien tome nuestro problema en sus manos y lo resuelva. Estas actitudes únicamente logran “enredar” más la situación.
Pensemos fríamente, no dejemos que la desesperación nos envuelva hasta convertirnos en una enorme bola de nieve. No se obligue a encontrar la solución de manera simultánea al surgimiento del problema, algunas veces se da, pero no siempre. Por lo general toda situación requiere un consejo o un análisis profundo y detenido. Por apresurados nos sumergimos en un estado de tensión que nos hace caer en las mismas opciones y los mismos pensamientos sin llegar a nada y aumentando nuestra ansiedad, perdiendo tiempo, energía y buen humor. ¡Eso no vale la pena, como dicen los ticos “tranquilidad ante todo”!
Entendamos que la tranquilidad hace a la persona más dueña de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes. Así que como dice el pueblo: “Despacito y con buena letra”, ahí está el éxito.