San José, Costa Rica, Martes 17 de julio de 2007, 00:33:31.


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EMERGENCIA NACIONAL EN LIMÓN

Por Mario Ugalde C.

Subdirector
mugalde@diarioextra.com

Otra vez las lluvias se ensañan contra Limón, los fuertes aguaceros caídos en los últimos días generaron inundaciones y desbordamiento de los ríos dejando gran destrucción con un valor superior a los 5 mil millones de colones.

Lo que viven nuestros hermanos del Atlántico es verdaderamente lamentable: 137 puentes afectados, de los cuales 12 fueron arrancados por completo, el resto se encuentra intransitable, 10 casas inservibles, 236 pasos de alcantarillas arruinados, 6 acueductos rurales fuera de servicio, 109 tramos de carreteras “quedaron peor que camino en zona indígena”, y la agricultura y ganadería se perdieron casi por completo, por eso el Gobierno de Oscar Arias declaró inmediatamente emergencia nacional para los cantones de Pococí, Guácimo, Siquirres, Matina y el cantón central de Limón. A ellos se les suman San Carlos, Upala, Los Chiles, y Guatuzo de Alajuela, también Turrialba de Cartago, y Sarapiquí en Heredia.

La declaratoria de emergencia ayuda porque se evitan una serie de trámites y controles burocráticos, -con eso el auxilio llega más rápido-, sin embargo, la situación jamás volverá a la normalidad porque siempre es más lo que se pierde que lo que se invierte. Solo para que tengan una idea, el presidente de la CNE, Daniel Gallardo, manifestó que desde el año 2002 hasta el 2006 los desastres naturales han causado pérdidas por ¢140 mil millones, pero únicamente se han invertido ¢40 mil millones, por lo que el déficit es de ¢100 millones, en contra de los necesitados.

Las inundaciones generan una tragedia que cada año hace sufrir a cientos de limonenses. Esta es una situación que se ha vuelto tan repetitiva que ya se escucha por todos lados “lo mismito de todos los años”. Las tradicionales frases de invierno en la Zona Atlántica son: “Corran, viene el agua, en cual albergue me toca, necesitamos cobijas y alimentos, los niños no tienen leche y están enfermos, lo perdimos todo”, entre muchas otras. Inmediatamente la CNE decreta alerta roja y empiezan nuestros sacrificados cuerpos de socorro a tratar de aliviar la angustia de los hermanos del Atlántico.

Lástima que, ¿por falta de dinero?, no se pueda encontrar una solución definitiva a este lamentable problema. ¿Por qué si siempre son las mismas zonas las afectadas la gente sigue ahí? ¿no pueden trasladarlos para otro lado? No sé, pero a veces pareciera que hay negligencia... si todo el mundo sabe que va a sufrir en el invierno que se avecina, por que no se van. ¿No tienen para donde? Pues ahí precisamente es donde el Gobierno, en coordinación con las instituciones encargadas deberían intervenir para habilitar zonas menos propicias a las inundaciones.

Pereciera que esta historia es de nunca acabar... porque cuando las aguas vuelven a sus causes, los afectados regresan a sus “mojados” hogares, quitan el barro a lo poquito que les quedó, e intentan volver a la normalidad, “todo el mundo olvida todo”, y ahí no ha pasado nada... hasta que nuevamente reaparecen los aguaceros y se repite el mismo ciclo. Ahí están varios pueblos de la zona sur esperando desde hace 10 o más años su traslado, y seguramente cuando la naturaleza se enfurezca nuevamente contra ellos aparecerá más de uno diciendo: “Se los advertí”, pero no se trata de advertir, el asunto es actuar... ya.

No podemos tapar el sol con un dedo. Las soluciones estructurales no deben ser superficiales. Empecemos por exigirle a los gobiernos soluciones permanentes, cómo es posible que cada año se desborde el mismo río, inunde las mismas casas y plantaciones, sin que se solucione el problema de una vez por todas.


 
 
 


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