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PRISMA

ABANDONAR LAS AULAS

Por Mario Ugalde C.

Subdirector
mugalde@diarioextra.com

Horrorosamente muchos costarricenses no quieren entender que el futuro de Costa Rica está en la educación, y por eso no aprovechan las ventajas que tiene este país para educarse. Bien que mal, aquí todos tenemos la oportunidad de asistir a la escuela y al colegio, porque en cualquier rincón del país existe, aunque sea una pequeña escuelita donde los niños y jóvenes aprenden lo básico para formarse como profesionales, y optar por un futuro mucho más esperanzador.

Es alarmante leer que en Costa Rica 113 mil niños y jóvenes entre 5 y 17 años se dedican a alguna actividad productiva en lugar de estudiar. El sector agrícola es el que concentra la mayor cantidad de trabajadores infantiles, seguido por el comercio, la reparación de vehículos y los supermercados. Los datos fueron dados a conocer luego del estudio realizado por el Programa Primero Aprendo, auspiciado por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos.

El informe reveló que la mayoría de los menores trabaja para ayudar a su hogar, sin embargo, también se evidenció el desinterés que sienten los niños y jóvenes por el sistema educativo, sumado al elevado costo que significa para las familias enviar a sus hijos al colegio. Igual de alarmante es saber que más del 60% de los muchachos que ingresan a sétimo no finalizan el quinto año. ¡O sea la mayoría sea queda de camino!
El programa Primero Aprendo aporta una serie de recomendaciones para erradicar el trabajo infantil y la deserción escolar. Por un lado afirma que debe legislarse en 15 años la edad mínima para trabajar, pero además hay que vigilar y castigar a quienes incumplen la ley, ya que muchas veces las leyes existen pero nadie les hace caso.

Por supuesto que debe estimularse a los niños trabajadores para que regresen a las centros de enseñanza. Para ello todos debemos aportar un granito de arena. Bien lo dijo recientemente la viceministra Académica de Educación Pública, Alejandrina Mata: “Sabemos que la ley nos obliga a mantener en las aulas a los niños y jóvenes, pero somos tan cómplices como aquellos que los envían a trabajar y quienes los emplean”. Así es; la culpa es de todos.

La lucha debe ser permanente, cómo es posible que la mayoría de muchachos abandonan las aulas después de los primeros exámenes parciales, sin siquiera tratar de mejorar, muchos prefieren lo más fácil, huir ante el primer obstáculo que se les presenta, y los padres de familia en lugar de exigirles seguir, los alcahuetean y “les ríen la gracia”, algunos, incluso, dicen “mi hijo no sirve para el estudio”. Eso es mentira, porque si bien es cierto hay unos más inteligentes que otros, con esfuerzo y dedicación todos podemos lograr los objetivos cuando verdaderamente los buscamos. Dejar de estudiar no tiene justificación desde ningún punto de vista, pero menos aún cuando se hace utilizando pretextos tan absurdos como el aburrimiento.

En todo caso, los estudiantes deben saber que fallar en el primer intento, no es tan grave como para no volver a intentarlo, así que ahora que apenas inicia el curso lectivo del 2007, olvídense del no puedo, y a estudiar se ha dicho.


 
 
 




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