• Antonio Castro, todo un ejemplo de superación:
EMPEZÓ VENDIENDO GALLOS Y HOY TIENE 6 CARNICERÍAS
Betania Artavia
bartavia@diarioextra.com
Fotos: Oldemar Siles
 |
Esta foto la conserva con mucho cariño, porque fue el ternero que se ganó en una rifa y con el que empezó su negocio de carnes.
|
Don Antonio Castro es todo un ejemplo de superación, él logró vencer la pobreza sin más herramientas en las manos que el deseo de salir adelante.
Este hombre de 74 años, y propietario hoy de seis carnicerías, entre ellas la Carnicería Boulevard, ubicada frente a la soda El Parque, la cual está celebrando su cuarto aniversario, recordó cómo a los diez años vendía gallos de comida envueltos en hojas de plátano para ayudar a sus padres.
Iba a la escuela por la mañana y en las tardes salía a vender, también lo hacía los fines de semana, aprovechando el tranvía, donde le dieron la oportunidad de subir a vender los famosos gallos de papa, de pollo o de carne, con tortilla casera, que hoy son parte de los recuerdos, tras la desaparición del tranvía.
Con mucho esfuerzo continuó sus estudios, ayudándose también con la venta de lotería. Siendo muy joven consiguió empleo en una carnicería, y ahí descubrió la habilidad que tenía para estas artes.
La suerte lo favoreció cuando en una rifa se ganó una ternera, y no lo dudó un minuto para vender las pocas cosas que tenía y comprar las herramientas para iniciar un pequeño negocio.
Las bendiciones se multiplicaron y con el paso de los años su pequeño negocio creció y hoy por hoy suma seis carnicerías, pero no ha cumplido todas sus metas, ya que su anhelo es poder darle una a cada hijo, por lo que aún le faltan dos.
“Mis hijos me han respondido al esfuerzo, ellos siempre estuvieron para ayudarme y ahora son hombres de bien, son honrados y trabajadores, por eso me alegro mucho que para ellos la vida sea tan diferente”, comentó don Antonio, quien durante la celebración del cuarto aniversario de la Carnicería Boulevard, aprovechó para agradecer a sus clientes por haber confiado en él cuando apenas era un “chiquillo” ya que por eso logró llegar a cumplir sus sueños.
• Claudio Arias, empezó solo con el deseo de superarse por sus hijos
FERRETERÍA POÁS: UN SUEÑO HECHO REALIDAD
Betania Artavia
bartavia@diarioextra.com
 |
Don Claudio Arias y su esposa Ana Violeta Madrigal muestran la sala de acabados, donde ofrecen todo lo necesario para los detalles de la casa. Ellos siempre han luchado juntos y son un ejemplo de que los sueños con esfuerzo, se pueden alcanzar.
|
Don Claudio Arias sabe muy bien lo que cuestan las cosas, para él la vida no fue sencilla, apenas pudo terminar la escuela para salir a trabajar y ayudar a su padre con los gastos de la casa, ya que era el mayor de diez hermanos.
“Quise ir al colegio, pero solo pude llegar hasta segundo año porque la plata no alcanzaba, la Municipalidad me daba los tiquetes para los pases, pero no había plata ni para comer, entonces salí para ayudar, juntaba el sueldo con el de mi papá para la casa”, recordó.
Con solo 13 años comenzó a trabajar en una ferretería, después en un telar, en una panadería y hasta en el cementerio de Tres Ríos haciendo bóvedas hace varias décadas. Después se fue a Poás de Alajuela, donde trabajó 19 años con Herminio Ugalde, en una ferretería y después por 15 años más en la Cooperativa de la zona.
“Sabía que lo mío era lo de la ferretería, porque estuve mucho tiempo vinculado a eso, y aprendí bastante, además me gusta mucho. Una vez un amigo me impulsó a que montara un negocio propio, al principio no quería porque no tenía ni un cinco, solo la casa que era el techo de mi esposa y mis 4 hijos, y todavía se la debía a la Mutual, entonces no me animé”, recordó.
Pero llegó el momento en que decidió echarse al agua, dejó el miedo a un lado, pensando más que todo en superarse para darle algo mejor a sus hijos, para que ellos pudieran estudiar en mejores condiciones que él, y tener una vida más cómoda.
“Un día se me metió el agua y tomé el impulso, me la jugué, pensé, si sale bien, perfecto y si me va mal, quedo igual que como estoy, y arranqué, hice un préstamo y monté el negocito”, comentó.
Fue así como nació la Ferretería Poás, era pequeña, solo trabajan él y un ayudante, con el paso del tiempo y la preferencia de los clientes fue creciendo y consolidándose, este año celebra su noveno aniversario de servir a la comunidad. Y preparan una pequeña celebración familiar para el 18 de agosto, así como descuentos especiales a partir de ese día para compartir con sus amigos, como llama don Claudio a sus clientes, pero desde ya se alistan para tirar la casa por la ventana el próximo año, cuando lleguen a su décimo aniversario.
Ya no solo tienen la ferretería, sino también un área de acabados, el cual es atendido por su esposa, doña Ana Violeta, quien siempre estuvo hombro a hombro con su marido para construir el futuro de la familia.
Hoy trabajan en el negocio dos de hijos don Claudio y doña Ana, demostrando con su ejemplo, que cuando se quiere se puede. Solo hay que dejar el temor a un lado y esforzarse para alcanzar los sueños.
Ahora que la pobreza es solo un recuerdo del pasado, don Claudio no olvida sus inicios, y por ello, siempre tiende la mano a quien lo necesita, se ha caracterizado por apoyar proyectos sociales, obras comunales y jóvenes deportistas, “para que con una poquita ayuda salgan adelante”, comentó.