PRISMA
TODO EL TIEMPO ES DE DIOS
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Si Dios es el creador del Cielo y de la Tierra, ¿cómo es posible que el ser humano sea tan mezquino y olvide sacar tiempo para glorificarlo? Algunos buscan excusas para no agradecerle todo lo bueno que nos da, otros se dedican a renegar por una que otra cosita insignificante que nos sucede, y la mayoría simple y sencillamente dicen “no tengo tiempo”.
¿Cómo que no tiene tiempo?... olvida que todo es de Dios. Como es eso que no hay espacio para glorificarlo, pero cuando estamos en problemas lo primero que hacemos es exclamar... “hay Dios mío, ayúdame”. ¿Entonces?... ¡lo invocamos en las malas, pero lo olvidamos en las buenas! ¿Verdad que somos desconsiderados?
Esto ocurre porque cada día estamos más pobres de espíritu, olvidamos la importancia de la meditación, creemos que nunca nos va a pasar nada, hasta el momento en que se nos presenta el problema “recobramos la memoria” para entender que todo lo que nos rodea es obra de nuestro Creador. La sociedad actual se inquieta solo por tener, tener, y más tener, en vez de preocuparse por ser.
Hagamos un alto en el camino y saquemos el tiempito para alabar al Señor, no importa en qué lugar, no interesa a cuál iglesia pertenezcamos... lo que debemos entender es que Dios no da todo lo bueno, y eso hay que agradecerlo.
Pues bien... para ayudarles a que entren en razón y acepten que todo lo que somos y tenemos nos fue entregado por Dios, hoy les reproduciré un hermoso mensaje que me recomendó una lectora. Dice así: Un hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor. Llegado el momento, quitó el paño que tapaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso. Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa.
Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía. Hubo discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Un observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía cerradura. Intrigado fue a preguntar al artista “¡su puerta no tiene cerradura! ¿Cómo hará para abrirla?”. “Así es”, respondió el pintor… “Esa es la puerta del corazón del hombre. Sólo se abre por el lado de adentro”.
La enseñanza es que muchas veces Jesús está golpeando la puerta de nuestro corazón, cuando eso ocurra, deténgase un poquito y préstele atención, escuche con cuidado. Nos corresponde a nosotros abrir la puerta para que Nuestro Señor Jesús entre…
Estoy golpeando la puerta, si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa, y con él estaré y él conmigo. Apocalipsis 3:20.
Muchas veces Él golpea a través de un pedido de disculpas, de perdonar a alguien, pero debemos estar atentos para escuchar, no con los oídos, sino con el corazón.