PRISMA
LA VALENTÍA DEL SOLDADO JUAN
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Hoy, 11 de abril, los costarricenses celebramos con orgullo el 151 aniversario de la Batalla de Santa Rosa, momento justo para tratar de enrumbarnos por el camino de los valores que nos vieron nacer como país, cuando en 1856, 25 mil hombres, comandados por el presidente de la época, Juan Rafael Mora, partieron hacia Rivas a combatir al ejército del general norteamericano William Walker, quien quería apoderarse de nuestras hermosas tierras.
Las fuerzas enemigas se concretaron en una casona de huéspedes llamada El Mesón, donde los filibusteros controlaban a las mil maravillas toda la situación que ocurría, fue entonces cuando el general tico José María Cañas solicitó un voluntario para quemar El Mesón y con ello sacar de ahí a los tiranos. El humilde soldado Juan Santamaría se ofreció de inmediato: “Yo iré: pero les encargo a mi madre”, se preparó la tea -antorcha- y, una vez lista corrió hacia los filibusteros para cumplir con la tarea, aún baleado en varias partes de su cuerpo... consumó su hazaña... quemó El Mesón.
Como al soldado Juan, también debemos destacar a una gran mujer, Francisca “Pancha” Carrasco, quien con fusil en mano ayudó a rescatar un cañón costarricense, y sirvió al presidente Mora. Lo hizo porque gracias a su esfuerzo había aprendido a leer y escribir, primero le ayudó como secretaria, luego, como soldado en Rivas.
Estos dos ejemplos de valentía y patriotismo deberían servirnos para hacerle frente a la crisis de valores por la que atraviesa Costa Rica, y que está carcomiendo los cimientos de nuestra nacionalidad. La corrupción y el “porta’mi”, minaron nuestra idiosincrasia, y la única forma de salir del trance es retomando los valores morales que vieron nacer a esta Nación.
En honor al soldado Juan Santamaría intentemos cambiar, aportemos soluciones a los gravísimos problemas que cargamos en nuestras espaldas, porque solo así podremos hacerle frente a un mundo lleno de maldad y desidia. Ojalá en el espíritu de cada uno de nosotros se meta un soldado con las características de servicio del famoso “Erizo”, para recobrar los valores que nos enseñaron los abuelos, ya que esa es la única forma de salir del “atolladero” en el que nos encontramos.
Esperamos que la luz de la antorcha con la que el soldado quemó El Mesón, ilumine el camino a los ticos para que al final tengamos una sociedad más justa y reforzada…