• Abuelita se muere de tristeza:
¡VETERINARIO OLVIDÓ PERRO DE CLIENTA EN CAJUELA DE CARRO!
Betania Artavia
bartavia@diarioextra.com
Fotos: Héctor Rodríguez
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Desconsolada, así está doña Vicky Caravaca por la muerte de su mascota, a quien quería como un hijo. Ella pide que se siente un precedente y se sancione al veterinario que dejó morir a su perrito.
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Un hecho insólito se produjo el martes en Barrio México, cuando un veterinario olvidó dentro de la cajuela de su vehículo un perro que una clienta le entregó para llevarlo a consulta, bañarlo y cortarle el pelo.
El veterinario, quien tiene una clínica y spa en Colima de Tibás, pasó temprano en la mañana a la casa de doña Vicky Caravaca para recoger a “Ricky”, un perrito de siete años de edad que se había convertido en el rey de la casa y la alegría de su dueña.
“Era la segunda vez que él me lo atendía. La primera vez se lo llevó y lo trajo normalmente, pero esta vez como llevaba un chiquito pequeño en el carro, solo se acordó de bajarse y sacar al niño, pero no de mi pobre ‘Ricky’, al que dejó en la cajuela del carro todo el día, ahí murió deshidratado”, comentó doña Vicky entre lágrimas.
“Ricky” llegó a su vida a llenar un gran vacío y lo amaba. Jugaban, bailaban y hasta rezaban juntos, según comentó. Su cariño era tal que tenía un cuarto solo para el perro, le compraba galletas dulces para el desayuno y se las daba con mantequilla o natilla, de acuerdo al gusto del animalito.
“Para mí era como un hijo... (solloza). Yo ya no quiero vivir, ¿qué voy a hacer sin él?, ¿con quién voy a hablar?, ¿quién va a ser mi compañero ahora? Es increíble que un doctor pueda simplemente olvidar un paciente en el carro”, detalló la abuelita, para quien la mascota era parte fundamental de su vida.
Precisamente por ese dolor y la indignación que siente acudió a DIARIO EXTRA para quejarse y pedir que exista mayor conciencia entre los profesionales para que no vean a las mascotas solo como una forma de ganar dinero sino como a criaturas que significan mucho en la vida de sus dueños.
También envió una carta al Colegio de Médicos Veterinarios pidiendo que se tomen acciones para que se sancione al profesional que dejó morir a su “Ricky” en una de las peores formas, pues se deshidrató.
“Ni me quiero imaginar los gritos de dolor que debió dar mi ‘Ricky’ mientras se estaba deshaciendo de calor en esa caja, encerrado en un carro, a mediodía con ese calor que hacía”, comentó entre llantos.
El doctor no se percató del perro que dejó en su vehículo hasta que doña Vicky lo llamó para preguntar a qué hora se lo llevaría de regreso. En ese momento fue al auto y encontró al animal muerto.
Así se lo llevó a su dueña, quien al verlo perdió el control y se puso a gritar, desconsolada por lo ocurrido, tanto que durante todo el día los vecinos llegaron a su casa para darle el pésame por la pérdida.
VEÍAN LA NOVELA Y REZABAN JUNTOS
Esta abuelita que vive con su padre, un anciano de 104 años con problemas de sordera, encontraba en su perro un amigo con quien hablar, porque su perrito y ella se entendían entre ladridos y cariñitos.
“Cantábamos y bailábamos juntos. A él le encantaba ‘Jugo de piña”, la ladraba toda, parecía que se la sabía. Igual con el Ave María, yo se la ponía al mediodía y él la ladraba suavecito, como cantando. A ‘Ricky’ solo le faltaba hablar”, narró.
Doña Vicky y “Ricky” pasaban todo el día juntos. Él estaba en la cocina con ella mientras preparaba el desayuno o el almuerzo. Incluso él era el primero en desayunar galletas María con mantequilla o natilla, o galletas con chocolate porque ya no le gustaban simples.
Almorzaba y comía alimento para mascotas en su plato. Cuando su dueña planchaba, él estaba bajo el aplanchador; cuando lavaba estaba junto a la lavadora y cuando veían la televisión estaba en sus pies, lo mismo cuando rezaba.
“A veces ya era tarde y yo me quedaba aquí viendo tele con ese viento y él podía estar temblando de frío que no se iba, no me dejaba sola. Y cuando yo le decía: ‘¡Ricky, a dormir!’, él subía las gradas y se iba a su cuarto”, narró afligida.