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• Afirma Juan Diego Castro sobre candidatura de D’Allanese

“FISCALÍA SE CONVIRTIÓ EN TARIMA POLÍTICA”

BETANIA ARTAVIA
bartavia@diarioextra.com
Foto: Róger Córdoba

Juan Diego Castro considera que Francisco D’Allanese se lanzó sin paracaídas al querer ser magistrado de la Sala III, y que no lo elegirán porque eso demostraría que se ha utilizado la Fiscalía como tarima política.
Ante las aspiraciones de Francisco D’Allanese, actual fiscal general de la República, de convertirse en magistrado de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, el reconocido jurista y ex ministro de Seguridad, Juan Diego Castro, afirmó que es evidente el uso de la Fiscalía como tarima política, lo cual es repugnante e inconveniente para la sistema de justicia del país.

Además, considera que se ha bajado la guardia en la atención de casos de delincuencia común y solo ha figurado en los casos de famosos, incluso la Fiscalía solo logra condenar a tres de cada cien delincuentes, lo cual refleja que algo está fallando en su manejo.

-Don Juan Diego, ¿qué opina de la gestión del actual Fiscal General?
-Francamente creí que lo iba a hacer mucho mejor, al poco tiempo que lo nombraron los magistrados. Cuando lo observé con tantos bríos en los medios de comunicación, frente a las cámaras, con los casos de los famosos, pensé que haría lo mismo con el resto de los procesos y que actuaría con firmeza en defensa de decenas de miles de víctimas. Pero no fue así… los niveles de impunidad se han disparado. Me decepcionó verlo en una manifestación callejera y más aún cuando hace pocos meses invitó a los políticos, para rendirles honores y un informe en el auditorio judicial. Creo que no ha logrado organizar el Ministerio Público, no ha trazado una adecuada política de persecución penal y no se ha preocupado suficiente por los derechos de las víctimas. Para mí está reprobado, aunque lo apoyen en Llorente y en el PAC.

-Con Llorente, supongo que se refiere a La Nación, ¿qué le parecen las relaciones del fiscal general y ese diario?
-Las relaciones entre don Francisco y La Nación fueron muy tirantes hace 15 años, cuando él fue defensor particular de los asesinos de don Hernán Cordero, Berta Angulo y Gregory Mullins. Aquel horrible y triple crimen acaecido en el barrio La Granja, el 27 de febrero de 1991. En ese caso él (D’Allanese) señaló públicamente que los policías judiciales habían torturado a sus clientes y que por eso habían confesado.

-La Sala IV le rechazó un recurso y la Sala III confirmó la sentencia condenatoria. Las víctimas eran parientes de doña Marcela Angulo, periodista que entonces trabajaba en La Nación. Eso puso furibundo a Julio Rodríguez, quien lo regañó en su columna, pero parece que con el transcurso de los años, los “megacasos” y los manjares de las exclusivas que les filtraron desde la Fiscalía, la tirantez se transformó en simpatía, hasta llegar a ser el personaje del día 28 de octubre pasado, cuando lanzó su rimbombante candidatura magistral.

-¿Si usted ahora fuera diputado, votaría por el Fiscal General para que ocupe la silla vacante de la Sala Tercera?
-No. Don Francisco se precipitó inexplicablemente. Creo que cometió un gran error con esta postulación, independientemente de que algunos políticos y unos cuantos periodistas le hayan prometido el apoyo. Fue un paso aventurado, midió mal sus fuerzas. En los zaguanes tribunalicios esto ha caído muy mal. Al menos debió esperar que los casos famosos hubiesen concluido… por lo menos con autos de apertura a juicio… pero ni hay acusaciones. Si la magistratura fuera un trofeo político, debió haber concluido su carrera, no agitarse a medio camino y así poder recibir esa presea política, con calma y tranquilidad. Pienso que esta vez pifió. Y si se evaluara con cuidado su desempeño como fiscal general, menos votaría por él. Los diputados no pueden permitir que la Fiscalía se convierta en una tarima de plaza pública. No creo que lo elijan… se lanzó sin paracaídas.

-¿Cuál es el papel que debe jugar el Ministerio Público ante los problemas de inseguridad que preocupan a diario a los ciudadanos?
-El problema de la grave inseguridad en que vivimos, desde hace mucho tiempo, debe ser abordado con mayor seriedad por nuestros dirigentes políticos. Sostengo que es importantísimo que los partidos se atrevan a definir y poner en marcha una política criminal consistente con nuestra realidad y dentro de ella, en las circunstancias actuales, la política de persecución penal enarbolada por la Fiscalía General ha sido un rotundo fracaso. Esta añeja crisis no se resuelve solo desde el Ministerio Público, pero sí ocupa un papel que aún no ha sido capaz de cumplir a cabalidad. No basta con perseguir a los sicarios y a los corruptos. Los ataques del hampa se dan, con mucha violencia, en muchos más frentes, que las autoridades han descuidado.

-Las personas se quejan a diario de la cantidad de asaltos que suceden. Algunos expertos han dicho que es más el temor que la realidad. ¿En verdad es así?
-Claro que no. Ese cuentito de que es más temor y que la gente se asusta porque los periódicos publican los pocos delitos que se cometen, es falaz e irresponsable. No sé qué pretenden esos consultores.

-Veamos las estadísticas del mismo Poder Judicial en cuanto a los robos. Que quede claro que no incluyó otra gran cantidad de delitos contra la propiedad, como hurtos, estafas, etcétera.

-En los últimos 10 años se ha sextuplicado la cantidad de asaltos. En 1995 la tasa de robos por cien mil habitantes era de 144, en el 2005 fue de 858. Repito se ha multiplicado por seis. Esto no es simple temor de la población. En 1995 se produjeron 14 robos al día, en el 2005 alcanzamos la cifra récord de 103. Pasamos de 4.958 denuncias por robo en 1995 a 37.769 en el 2005. Si hay temor es porque nos asaltan cada cuarto de hora.

-Según esos datos, en el 2005 hubo más de cuatro robos por hora. ¿Qué pasó con las víctimas y con los victimarios?
-En relación con las víctimas no tenemos información a nivel judicial, ni sabemos si recuperaron sus bienes o si fueron resarcidas. No creo. Lo que se dice a nivel criminológico y de acuerdo con encuestas realizadas por empresas del ramo, en nuestro país la cifra negra de la criminalidad, en materia de robos, es seis veces mayor que la cantidad de denuncias presentadas ante las autoridades judiciales. Imagínese…
Pero con los victimarios, la situación es decepcionante. El robo en Costa Rica es el negocio más seguro y más rentable. Los ladrones conforman el gremio más grande del país… ya deben superar los cuarenta mil. Vea cuán peligroso es lo que está pasando y aquí la Fiscalía General, con su desacertada política de persecución penal, debería hacer algo. Tenemos claro que los robos denunciados se han multiplicado por seis en el último decenio, pero lo más paradójico es que en 1995 condenaron al veinticinco por ciento de los ladrones y en el 2005 solamente al tres por ciento, igual que en el 2003 y en el 2004. La Fiscalía General no ha podido condenar a más de tres de cada cien pillos que asaltaron a los costarricenses. Esto es un relajo.

-¿Algunas personas comentan que en el Ministerio Público no les reciben denuncias por sustracciones de bienes valorados en menos de $500?
-Esto es algo muy delicado que también tiene que ver con la política de persecución penal. Son los llamados criterios de oportunidad por insignificancia del hecho o bagatela. Esto es una barbaridad. La Fiscalía ha dispuesto que si el valor del bien robado con fuerza en las cosas, hurtado o dañado, es menor de quinientos dólares, se aplica ese criterio y se archiva el asunto o simplemente no se recibe la denuncia. Esto es injusto y cruel. Para la gran mayoría de nosotros y hasta para un fiscal, un cuarto de millón de colones es mucha plata.

-El 13 de julio del 2004, un sujeto destrozó a pedradas dos puertas de cristal del edificio de la Corte Suprema de Justicia. Una en la mañana que le costó una medida cautelar de presentarse a firmar cada quince días. Otra en la tarde, por la que le impusieron dos meses de prisión preventiva. La primera vez fue bagatela, la segunda no sabemos.


 
 
 




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