Oscar Arias a prueba
Richard W. Rahn*
San José, Costa Rica. Oscar Arias, en su primer período como presidente de Costa Rica, ganó el Premio Nobel de la Paz en 1987, por ayudar a negociar la paz que terminó las guerras civiles en América Central. Luego de una larga ausencia, fue reelecto por un minúsculo margen. Esta vez su reto será revitalizar a Costa Rica en vez de lidiar con los problemas de sus vecinos.
Es difícil encontrar en nuestro pequeño planeta algo más cercano a un paraíso que Costa Rica. Tiene hermosas montañas (con volcanes activos) y bellas playas en el Pacífico y Caribe. Tiene varios micro-climas agradables, que permiten escoger la temperatura y cantidad de lluvia ideales. La gente, en su mayoría, es muy agradable y simpática. Por eso es un importante destino turístico así como de residencia para muchos estadounidenses pensionados.
Costa Rica se independizó desde la primera mitad del siglo 19 y ha sido una democracia durante la mayor parte de su historia. La población es educada y mayoritariamente de descendencia europea. El país se enorgullece de su sistema de salud y de su sociedad civil pacífica. Sus tierras son ricas y varias compañías de alta tecnología, como Intel, han establecido plantas principales en Costa Rica.
A pesar de estas ventajas, la inflación es alta, superando el 12% el año pasado, y los salarios bajos. Los costarricenses tienen aproximadamente la cuarta parte del poder de compra de los estadounidenses. Eso lleva a preguntarse: ¿Por qué los costarricenses no ganan tan bien como los europeos y estadounidenses, dadas sus ventajas naturales y nivel educativo?
La respuesta es que sufren de excesivo estatismo burocrático y de corrupción, ocupando el puesto 46 en el Índice de Libertad Económica y el 51 en el Indice de Corrupción. Hay muchas regulaciones excesivas que socavan el respeto por la ley y fomentan la corrupción. El sistema tributario es complejo, mal administrado, y sus altas tasas son contraproducentes.
Monopolios estatales, que incluyen electricidad y teléfonos, frenan la economía. La falta de competencia lleva a un servicio de telefonía celular inferior. El gobierno es dueño de varios bancos estatales, lo que socava la integridad del sistema financiero, en un conflicto de intereses obvio, puesto que el árbitro y el dueño son el mismo. El gobierno costarricense es dueño de una aseguradora monopólica, contradiciendo la razón de ser de los seguros que consiste en diversificar el riesgo. El ser una entidad estatal concentra el riesgo y reduce la calidad del servicio, algo frecuente en las empresas estatales de servicios de casi cualquier lugar del mundo. El gobierno está metido en muchas actividades inadecuadas, por ejemplo, en almacenaje refrigerado.
Los líderes sindicales y los defensores del “socialismo de estado de bienestar” que infecta a Costa Rica, insisten en que solamente imitan a los países escandinavos, olvidando que esos países se hicieron ricos antes de que se involucraran en políticas redistributivas de “estado de bienestar”. Es más, esos mismos países están hoy tratando de cambiar esas políticas porque los llevaron al estancamiento, y casi todos los países europeos han privatizado durante las últimas dos décadas muchos de sus monopolios estatales debido a ineficiencia y mal servicio
Costa Rica es el único país centroamericano que no ha ratificado el Tratado de Libre Comercio de Centro América (CAFTA) porque algunos de sus políticos piensan ingenuamente que pueden lograr un mejor convenio. El tratado no es perfecto, pero esos políticos no deben permitir que lo perfecto se convierta en enemigo de lo bueno, porque los Estados Unidos no tienen interés en reabrir las negociaciones una vez que los demás países han ratificado el tratado. No ratificarlo sería un desastre económico para Costa Rica.
La buena noticia es que todos los problemas que enfrenta Costa Rica han sido enfrentados y resueltos por otros países en las últimas dos décadas. A muchos costarricenses les gusta referirse a su país como La Suiza Centroamericana la comparación sería más adecuada si observaran e imitaran las razones del éxito de los suizos.
El Presidente Arias necesita ahora su gran reputación y habilidades diplomáticas para lograr una verdadera reforma fiscal: tasas más bajas con una base más amplia, menor complejidad y mejor control en lugar de instituir el anunciado impuesto a las ganancias de capital, que diezmaría el mercado inmobiliario y el de capitales. También debe emprender una desregulación y desburocratización masivas; privatización de empresas estatales; una reforma monetaria; y una limpieza de corrupción y robo de propiedad. Si tiene éxito, será de nuevo un héroe nacional y mundial. Si fracasa, su reputación se evaporará.
*Director del Center for Economic Growth
(Centro de Crecimiento Económico).
El artículo que reproducimos aquí fue publicado en el Washington Times del 28 de marzo del 2006.