PRISMA
EL HOSPITAL RAÚL BLANCO CERVANTES Y LOS ABUELITOS
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Que dicha saber que en Costa Rica todavía hay gente solidaria que con toda la voluntad del mundo se desprende de un poco de su tiempo y dinero para ayudar a quienes más lo necesitan. Así por ejemplo existen los voluntarios en el abnegado cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja, hospitales, asilos de ancianos, y cuanto centro de ayuda existe en tiquicia.
Mención especial merecen los funcionarios pagados y voluntarios del Hospital Raúl Blanco Cervantes. Cada vez que veo la forma tan dedicada en que doctores, enfermeros, asistentes y hasta misceláneos atienden a los ancianitos en ese sanatorio; cuando observo cómo se recuperan los pacientes y cómo sonríen cuando son tratados con amor y respeto, me doy cuenta de que verdaderamente vale la pena el esfuerzo tan gigantesco que realizan una serie de mujeres y hombres para sacar adelante los proyectos en beneficio de la ampliación y el financiamiento de este importante centro médico.
Es verdaderamente admirable que existan personas con la vocación de servicio que tienen quienes ayudan a que nuestros viejitos pasen su convalecencia lo más felizmente posible. Me cuentan los amigos lectores de DIARIO EXTRA que a estos centros llega toda clase de profesionales a prestar auxilio, porque las necesidades son de todo tipo y como dice una señora, “bien vale la pena ofrendar a Dios un ratito de tiempo y de paso ayudar a estas causas tan nobles”.
La recuperación de una abuelita o un abuelito es el maravilloso pago que recibimos todos los costarricenses que hemos ayudado con un granito de arena para que nuestros ancianitos pasen sus días de la mejor manera posible. Les digo ancianitos y abuelitos con cariño, creo que no tiene nada despectivo, considero que decirles adultos mayores sería como decirle hematoma a una chichota, lo que hace es confundir a la ciudadanía-.
Lamentablemente en este país también existen un montón de “desalmados” que se escudan en la falta de tiempo para enviar a sus papás, hermanos y abuelitos a los asilos de ancianos, olvidando que en ningún lugar estarán mejor que en su propia casa, rodeados del cariño de sus amigos y seres queridos. Otros los llevan al hospital y los dejan “botados”... así como lo leen, aunque suene cruel, los internan con datos falsos para nunca más volver a recogerlos. Que ingratos son estos “desgraciados”, estoy seguro que a ellos no les gustaría que les hicieran semejante “salvajada”, pero cuidado porque en la vida todo se devuelve, el que hace daño algún día lo paga.
¡Muchos “familiares” son tan ingratos que ni siquiera los visitan el Día del Padre o de la Madre!, piensan que estos grandes hombres y mujeres ya no tienen sentimientos, olvidando lo mucho que hicieron para que nosotros nos formáramos como personas de bien. Ojalá que si alguno de ustedes vive una tragedia parecida a éstas, reflexione y acuda inmediatamente a “retirar” a su viejito, haga un esfuerzo para que ellos pasen sus últimos días rodeados de amor, cualquier sacrificio vale la pena cuando se trata de darle a nuestros “veteranos” una mejor calidad de vida. Recuerden que nunca es tarde para arrepentirse, empecemos hoy, y si por esas cosas de la vida su familiar ancianito ya murió, pídale perdón a Dios y ayude a otros aunque no los conozca.