PRISMA
VIVAMOS HOY COMO SI FUERE EL ÚLTIMO DÍA
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Los seres humanos siempre estamos buscando motivos para echar a perder la vida. En lugar de ver las cosas positivas que nos ayudan a levantar el ánimo, buscamos por todos los rincones las pocas cosas malas que nos ocurren para echarnos a morir. ¿Por qué somos tan “tontitos” y lloramos en lugar de reír? Será que nos encanta el masoquismo y no nos hemos dado cuenta. Seamos más positivos, a partir de hoy vivamos como si fuera el último día, ahí tenemos el ejemplo que nos dejó el empresario y dirigente deportivo Kai Fieberg.
A este empresario le encantaba disfrutar con sus amigos y familiares, nunca escatimó una sonrisa o un abrazo para cualquier persona, compartía con todos por igual... ricos y pobres, era un hombre que verdaderamente disfrutaba lo que hacía y transmitía positivismo, lamentablemente un accidente de tránsito se lo llevó el pasado miércoles en horas de la madrugada, pero su recuerdo nos debe motivar para vivir intensamente, comprendiendo que quizá este sea nuestro último día en la Tierra, ya que así son los designios del señor.
A pesar de que vivimos en la era del jet, el celular, el microondas, los cajeros automáticos, y la Internet, entre otros, pocas son las personas que no andan a la carrera, agobiadas porque no les alcanza el tiempo para nada.
Parece que estar constantemente de prisa se convirtió en un “modus vivendi”, a tal punto que muchas personas se sienten culpables cuando se toman unos minutos para descansar aunque estén agotadas, como es posible que no podamos disfrutar ni un solo minuto de tranquilidad.
¿Pero, qué nos ha llevado a montarnos en esta especie de avión ultra sónico en el que todos viajamos incómodos pero nadie se puede bajar?, sencillo... no aprendemos a controlar nuestros impulsos y le damos demasiada importancia a las tonterías, descuidando los asuntos familiares y otros que son verdaderamente importantes.
Cómo es posible que algunas veces no saquemos tiempo ni para llamar a nuestra mamá, no me digan que no tenemos un minuto para decirle “hola mami... te quiero mucho”. No nos engañemos, porque el asunto no es falta de tiempo sino más bien que nos enredamos en nuestra propia telaraña y buscamos cualquier justificante para no salir de ella.
Lo peor es que en esta loca carrera de la vida logramos estirar el tiempo para hacerlo todo menos vivir, si por vivir entendemos compartir, reír, pasear, conversar, jugar, gozar o soñar.
Abramos los ojos porque el impacto que “la vida loca” tiene en la familia es funesto. Por andar a la carrera vivimos como “flotando en otro planeta”, es decir, concentrados en todo lo urgente, pero desconectados de lo que somos y sentimos. Y al no estar conectados con nuestros sentimientos es imposible establecer sólidos vínculos afectivos con nuestros seres queridos. Así, nuestras relaciones familiares se limitan a contactos superficiales, carentes de calidez, que por su trivialidad se desbaratan con cualquier problemita.
El tiempo es oro no lo desperdiciemos en “tonterías”, dediquémoslo a nuestra familia, disfrutemos de nuestros hijos y amigos, porque ellos realmente valen la pena. ¡Vivamos hoy!