PRISMA
PINOCHET: ENTRE EL AMOR Y EL ODIO
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
No hay duda que uno de los personajes políticos más polémicos de las últimas décadas ha sido el fallecido ex dictador de Chile, Augusto Pinochet. Su muerte el pasado domingo en vez de traer la paz y tranquilidad a unos y otros, más bien desató enfrentamientos entre los bandos que apoyaban su gestión y por supuesto los que lo acusaron durante toda su existencia de criminal. La muerte del ex dictador debería simbolizar la partida de un referente de divisiones, odio y violencia, sin embargo, la situación en Chile es otra.
Mientras se pronunciaban fuertes discursos políticos, en que parientes, amigos y seguidores reivindicaron su figura y obra, otros gritaban en media misa fúnebre “adiós para siempre asesino”. Verdaderamente Pinochet vivió y murió entre el amor y el odio.
Lo que sí es cierto es que para bien o para mal una multitud sin precedentes asistió al entierro, y aunque los familiares confían en que su muerte calme las pasiones, eso difícilmente ocurrirá porque Pinochet fue un militar muy cuestionado durante toda su trayectoria al frente de los chilenos.
Quienes lo apoyaban expresaron sentimientos de dolor y tristeza, y afirmaban que el Chile actual es el que Pinochet deseaba para las futuras generaciones. Sus nietos dijeron que su abuelo fue un “ejemplo de soldado, patriota, leal a su país y a la historia”, que dejó todo de lado por el bien de Chile y fue capaz de derrocar al marxismo. No escatimaron palabras para asegurar que fue uno de los líderes más prominentes de su época a nivel mundial.
La muerte de Augusto Pinochet, quien marcó la historia de Chile durante más de 30 años, cierra una etapa de ese país, al tiempo que abre una nueva fase llena de retos, especialmente para los políticos, que deberán replantearse su futuro. En esta nueva época de la democracia, los chilenos tendrán la responsabilidad de mejorar como sociedad, porque Pinochet ya no está, pero las misteriosas fuerzas que desató siguen ahí, por eso es tiempo de reflexionar sobre la sociedad que en su momento creó a Pinochet y lo respaldó para, finalmente expulsarlo y acusarlo.
A juicio de los expertos y dirigentes políticos chilenos, la muerte del que fuera un dictador de la época de la guerra fría dará paso a una sociedad más moderna y abierta, incompatible con el historial de violación a los derechos humanos y corrupción del régimen que el ex general lideró durante 17 años, generando la división lógica de “enemigos y amigos”.
Augusto Pinochet gobernó entre 1973 y 1990, fue detenido en Londres en 1998, y desde ahí empezaron los procesos por violaciones a los derechos humanos. Pero la división de la sociedad chilena se agrandó tras el descubrimiento en bancos del exterior de millonarias cuentas secretas a nombre del ex dictador y su familia, tras lo cual fue procesado por corrupción, sin embargo, el dictador murió sin ser juzgado ni condenado por sus crímenes.
Ojalá que la muerte del ex general sirva para unir y no para dividir nuevamente a los chilenos. En fin, así fue y será el ex dictador Augusto Pinochet... ¡odiado, pero también adorado por muchos!