PRISMA
¡PERDER EL EXAMEN DE BACHILLERATO!
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
¿Quién tiene la culpa de que el 40% de los estudiantes perdiera el examen de bachillerato para poder graduarse?, no sé... me imagino que al igual que todos los fracasos, este también será huérfano. Lo que sí es cierto es que los datos establecen el existente marcado deterioro en la educación costarricense, respaldado por las cifras divulgadas por el Ministerio de Educación Pública (MEP), las cuales indican que únicamente un 60 por ciento de los colegiales lograron ganar los exámenes de bachillerato para obtener su título este año. En términos más sencillos solo 4 de cada 10 alumnos de quinto año podrá graduarse e ingresar a la universidad. ¡Esto es muy grave!
Aunque el MEP dice que oficialmente pasaron el 60% de los estudiantes, o sea que de los 30.503 que respondieron el examen únicamente 18.960 lo ganaron, constituyendo un verdadero récord en la promoción estudiantil, la realidad es que la promoción no alcanza para sentirnos satisfechos, debido a que a esa cifra debe sumársele los casi 9 mil alumnos que no efectuaron las pruebas porque desertaron o reprobaron undécimo año.
Esta lamentable situación, de igual manera nos hace tener sentimientos de frustración a todos. Los padres se sienten mal debido a la mala calificación obtenida por los hijos, pero a los muchachos también les duele en lo más profundo ver que su esfuerzo de varios años se corta por culpa de situaciones que -quizá- a él no le competen, como podría ser un programa de estudios mal estructurado, unos exámenes finales mal confeccionados, o por qué no una mala formación de los profesores.
Esta “crónica de un examen perdido” se veía venir desde hace meses, cuando incluso, muchos de los profesores afirmaban que los estudiantes no tenían la formación adecuada para hacerle frente a las pruebas nacionales. Dicho y hecho... el día de los exámenes muchos jóvenes no tuvieron ni el tiempo ni la “capacidad” necesaria para terminarlos, por lo que se vieron obligados a devolverlo incompleto, para luego recibirlo corregido y con la trágica noticia: “Lo perdió”.
Pero bueno, “a lo hecho pecho”, ahora esperamos que todos juntos hagamos un alto en el camino para reconocer en que fallamos y poder corregir los errores a tiempo, para evitar que el próximo año los estudiantes se vean afectados. A los padres de familia les recomendamos no perder la paciencia, evitar castigos y palabras hirientes contra los jóvenes porque eso contribuye a que nuestro hijo no superen “la piedra en el camino”.
Estudiemos a nuestros muchachos y muchachas, preguntémosles sobre lo ocurrido para luego crear una estrategia que los motive para que no se alejen del estudio, y el año entrante lleguen con más deseos de demostrar que sí pueden, y que sí vale la pena estudiar.
Perder el año no es bonito, pero tampoco es el fin del mundo... sigamos adelante.