San José, Costa Rica, Sábado 12 de agosto de 2006, 06:23:14.


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SANAR LAS HERIDAS DEL ALMA

Por Mario Ugalde C.

Subdirector
mugalde@diarioextra.com

El ser humano pasa buena parte de su vida atormentándose por situaciones que no valen la pena. Le damos demasiada importancia a cosas de poca monta que si las pensamos dos veces nos daremos cuanta que sufrimos innecesariamente.

Para intentar superar estas situaciones es indispensable comprender el funcionamiento del ser humano. Entendiendo que se trata de un ser integral compuesto de cuerpo, alma y espíritu, partes que conforman un todo pero que tienen una función específica. Por eso, antes de comprender los motivos que lo llevan a actuar de determinada forma, hay que conocer a la perfección cada una de estas partes ya que tienen relación directa con la vida de una persona.

Identificar el cuerpo es lo más sencillo, porque con él se convive a diario, pero para reconocer el alma y el espíritu suelen presentarse confusiones, pues para la mayoría tienen el mismo significado y obviamente quienes así lo afirman, están cometiendo un grave error.

Empecemos por explicar que el alma está compuesta de los sentimientos y la razón, muchas veces entra en conflictos por las diferencias existentes entre el pensamiento y los sentimientos, es ahí cuando la voluntad cumple la función de intermediaria. Esos momentos en los que las personas sienten la necesidad de hacer algo y en el fondo saben que no deben, es cuando se produce ese choque.

Por su parte, el espíritu es la esencia del hombre, su verdadera naturaleza. Es todo lo que el humano puede ser, sin tener en cuenta lo que ha aprendido en su camino por la vida. Lo espiritual puede ser bueno o malo, según el caso. Aunque son tres partes completamente diferentes, funcionan como un todo. Por eso, muchas veces los dolores del alma se transforman en malestares del cuerpo. Cuando alguien posee en su interior recuerdos de situaciones y de personas que marcaron su corazón en algún momento de la vida y a pesar de quedar en el pasado, siguen latentes y afectan el modo de vivir de las personas, es porque las heridas del alma no se han curado totalmente, están ahí, abiertas y sangrantes.

Pero no sólo son las tristezas las que marcan la vida, también lo son las alegrías, que se traducen en felicidad. El ayer está directamente relacionado con las actitudes que poseen las personas hoy, por eso es necesario reflexionar acerca de las situaciones que causan melancolía y que perjudican las diferentes circunstancias que se presentan a diario. Para que esto deje de ocurrir, es indispensable identificar todas las heridas del alma; sólo si se reconocen es posible actuar para eliminarlas. No hay que limitarse a consolar un alma que al igual que el ser humano, también llora; es necesario sanarla.

A partir de este momento decidámonos a ser mejores, a comprender más a nuestros semejantes, iniciemos la ruta hacia de felicidad, dejemos de mortificarnos por insignificancias y démosle el valor que la vida se merece.


 
 
 


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