PRISMA
EDUCAR A NUESTROS HIJOS
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
La idea de que los padres o los maestros, somos los programadores de la mente de nuestros hijos no es una mera especulación. Está demostrado que de todas las influencias que condicionan el futuro de los hijos, la más importante es la nuestra. En aquellos casos en que la motivación de un adulto depende constantemente de alguien a quien amar o que le empuje hacia la acción, siempre se encuentra en la infancia la raíz del problema.
Un niño cuyos resultados hayan sido evaluados únicamente según su capacidad de agradar o calmar a sus padres, profesores, u otros, se convertirá en un impulsor interior que puede ser controlado con autonomía. Esta persona tendrá unas creencias acerca de la motivación arraigadas en un subconsciente de este tipo: “No vale la pena intentar algo a menos que sea justa y generosamente recompensada”. “La única razón por la cual vale la pena esforzarse y actuar con responsabilidad es minimizar el riesgo de ser castigado o herido por los demás”.
Hasta que tuve hijos, no me di cuenta de la facilidad con la que se inculcan esas creencias en el subconsciente de un niño. A pesar de mis conocimientos acerca de los niños, estuve a punto de caer en la tentación de aplicar a mis hijos la técnica de las recompensas o de las amenazas. Cuanto más importante era el objetivo, más tentado estaba de utilizarla. Sin embargo, ha sido relativamente fácil adoptar una conducta correcta para estimularlos a limpiar su cuarto o cuidar de su aspecto personal, pero cuando comencé a preocuparme por los resultados escolares o el cuidado de su salud, me encontré recurriendo a las promesas o a las amenazas.
La experiencia de otros padres me ayudó a darme cuenta de que pocas veces los errores cometidos por los papás respecto a la motivación de sus hijos son maliciosos. Suelen estar provocados porque quieren a sus hijos y desean que tengan las cualidades necesarias para sobrevivir en este mundo. Los padres no tienen la menor idea del efecto nocivo a largo plazo de este tipo de estrategias. Muchos de los que lo saben y valoran el hecho de estimular la automotivación, están demasiado tensos o inseguros de sí mismos para hacerlo y no pueden dejar de utilizar estos métodos más drásticos cuyos beneficios son inmediatos.
Por lo tanto, hay ejercicios que pueden ayudarnos a desarrollar nuevas estrategias y conductas y que nos permitirán revisar y darnos cuenta de cómo poner en práctica las buenas intenciones.
Si le cuesta convencer a su hijo para que haga la tarea o para que se sienta más motivado, indico a continuación algunos pasos ha de seguir que le podrían ayudar: Primero, deje inmediatamente de decirle lo que debería hacer o no hacer. Hablar a oídos sordos empeora la situación.
Segundo, vuelva la atención hacia usted mismo y considere los posibles cambios o acciones positivas que podría hacer.
Tercero, no se concentre en el problema específico presente y observe con más detenimiento la vida de su hijo y sus progresos. Este tipo de revisión resuelve mejor el problema a largo plazo, porque revela las causas en sus raíces.
Sé que es difícil seguir estos pasos cuando se está emocional y físicamente agotado, sin embargo, vale la pena hacer cualquier esfuerzo con tal de que nuestros hijos tengan una buena formación, tanto académica como espiritual, ya que de eso dependerá que se conviertan en hombres y mujeres de bien.