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Mario Porras, fue el hombre que pagó un millón de colones por dos carros que nunca le entregaron porque eran de dos jueces. Aunque reconoce que se sintió tonto asegura que lo más importante es denunciar. |
Así como lo lee, un hombre de apellido Prado, quien dijo ser defensor público se aprovechó de la buena hablada que tiene para no sólo engañar a Porras sino que estafarlo con un millón de colones haciéndole creer que compraría dos carros en quinientos mil colones cada uno, decomisados según él a narcotraficantes cuando en realidad eran de impartidores de justicia.
La insólita historia inició hace algunos meses cuando Porras se encontraba internado en un albergue de rehabilitación ubicado en Mozotal de Guadalupe y conoció a Prado, con quien hizo muy buena amistad.
Cuando éste salió del centro, el estafador lo buscó y le propuso un negocio; comprar un vehículo Daihatsu Terios modelo 2003 en el bajo monto de ¢500 mil además de un Honda 4x4 color verde, esto solo por tratarse de carros decomisados. Aprovechando, según él, la oportunidad de su vida porque en el mercado esos autos no bajan de siete millones de colones cada uno, decidió hacer el mejor negocio que nunca hubiera esperado y hipotecó un lote para que una financiera le prestara el millón de colones.
Feliz por el negocio que estaba apunto de hacer acompañó, junto con un amigo de apellido Arias, a Prado a un juicio que tenía pendiente en los Tribunales del Segundo Circuito Judicial de San José (Goicoechea) y luego partieron a los Tribunales de San José para llevar a cabo la tremenda oferta.
La genialidad del estafador fue tal que a pesar de que ninguna persona tiene acceso al sótano, éste logró llegar hasta allí junto con su víctima. Una vez en el lugar le mostró los dos carros, que en realidad no eran decomisados a ningún narcotraficante sino por el contrario, propiedad de jueces que se encontraban trabajando en ese momento y que ni por la mente les pasaba que abajo un inescrupuloso estaba abusando de la buena fe de una persona para simular el negocio de sus autos.
Para amarrar su fraude, le echó una hablada al pobre de Porras que al final cualquiera hubiera caído. “Bueno amigo éstos son los carros, pero no puedes tocarlos porque como están decomisados se activa una alarma y luego cuesta mucho desactivarla, además, una vez que cerremos el trato firmando los documentos, el juez autoriza su salida y te los vas a poder llevar”, le indicó. Muy confiado y a la vez feliz por el negocio que estaba a punto de finiquitar, los miró pensando que horita serían de él. De inmediato Prado le pidió que subieran al cuarto piso de los Tribunales donde firmarían los documentos. En efecto, así lo hicieron, una vez allí; el hombre se metió en la oficina de una jueza de familia con quien charló como si en realidad éste fuera funcionario judicial.
Unos cuantos papeles donde supuestamente se hacía constar la venta de los vehículos fue firmada por Porras a la vez que entregó al estafador, el millón de colones en efectivo; producto de un préstamo con la hipoteca de un terreno. Una vez con el dinero y los documentos en mano Prado, le dijo a su víctima que le esperara ahí mientras formalizaba todo con el juez. Pero pasaron los segundos, minutos y horas y nada que apareció su vendedor estrella. A eso de las 4:30 cuando iban a cerrar el edificio comprendió que lo habían engañado, que había entregado un millón de colones por dos carros que nunca estuvieron en venta. Pero aún con esperanzas, le preguntó al guarda si había otra salida; esperando que éste le respondiera que no, que la única era por donde él desde la 1:30 de la tarde estaba esperando que Prado llegara con los papeles que lo hacían acreedor de los dos vehículos valorados en más de 14 millones de colones ambos y que él en su mejor oportunidad había logrado conseguir en tan sólo un millón de colones. Pero la respuesta del guarda fue; claro hay otra salida por este lado señor; fue cuando ya no le quedó más que resignarse a entender que había sido estafado en el propio edificio de los Tribunales de Justicia de San José.
Aún con el dolor de sentirse engañado, cruzó el bulevar y se fue para el edifico del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) a interponer la respectiva denuncia #05010915-042-PE, de la cual DIARIO EXTRA tiene copia.
DIARIO EXTRA consultó al subdirector del OIJ, Francisco Vargas, quien se mostró indignado por éste insólito caso ya que manifestó que si bien es cierto que es un hecho que no debe darse en ningún lado mucho menos en una sede judicial. “Es un caso insólito, no sabemos como una persona ajena a este edificio pudo ingresar al sótano de los Tribunales y menos para estafar aprovechándose de la buena fe de las personas. Ya ordené una investigación exhaustiva, así mismo con el personal de seguridad que en ese momento se encontraba allí”, aseveró. Asimismo hizo un llamado de atención a las personas que son víctimas de estafas para que denuncien ya que es de la única forma que se puede erradicar el problema.
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Si bien es cierto hay muchas personas que son víctimas de estafas, hay muchas más que no denuncian los hechos porque creen son tontos por caer en éste tipo de delitos sin embargo, para Mario Porras, una de las víctimas de estos viles criminales, es más tonto el que no denuncia porque está contribuyendo a que más personas pasen por esa amarga experiencia y que éstos sujetos sigan saliéndose con la suya.
“No fue fácil denunciar porque me sentía tonto, mi autoestima estaba por el suelo, porque bueno, creí en una persona que al final se burló de mi buena voluntad. A veces las personas mismas tenemos la culpa por querer hacer negocios fáciles, la mayoría de éstos siempre resultan ser fáciles pero bueno, yo le hago un llamado a todas las personas que han caído en manos de sujetos inescrupulosos para que los denuncien y así los hagan pagar por lo que hicieron”, indicó Porras.