San José, Costa Rica, Jueves 2 de setiembre de 2004, 01:48

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• Recolectores lo encontraron y lo devolvieron al dueño, Alajuela:

GANÓ UN MILLÓN EN CHANCES Y LA ESPOSA LO TIRÓ A LA BASURA

Paola Hernández Chavarría
phernandez@diarioextra.com
Fotos: Héctor Rodríguez

Don Guido se ganó la lotería y su esposa la botó al basurero.

Guido Quesada Salazar de 75 años es vecino de Santa Gertrudis de Grecia en Alajuela, hace varios días se llevó tremendo susto, cuando su esposa tiró a la basura un entero de chances premiado. Este jugador empedernido de lotería ni sospechaba que lo chances premiados con un millón de colones iban directo al relleno sanitario del Barrio San José en la provincia de los mangos, dentro de una bolsa plástica y arrollados además con un billete de mil colones.

“Al inicio me asusté, cuando no los encontré, después me quedé pensando que era por algo y que debía estar tranquilo, que el dinero no lo es todo en esta vida. Yo siempre juego lotería y pegó alguito, pero nunca tanto como en esta oportunidad”, comentó el ganador.

INSÓLITO

La historia comenzó el pasado 17 de agosto, cuando Salazar se percató de que había ganado en el juego de azar. Confiado, pues creyó que tenía los pedacitos guardados en la billetera se fue a dormir, para al día siguiente cambiarlos por el dinerito.

Todos los lunes y jueves, don Guido, quien es propietario de uno de los bares más conocidos de la zona, “La Deportiva”, sale de su casa con rumbo al centro de Grecia a realizar algunas compras para el local y de paso adquirir la acostumbrada lotería.

Según comentó no hay sorteo que se le pase por alto y menos en el que deje de comprar su número de la suerte, el 04. Cada semana se gasta cerca de ¢45 mil en enteros de lotería, al menos ¢200 mil por mes en busca de la suerte, de los millones.

Esa semana no fue la excepción, Salazar compró dos enteros de su número predilecto y además jugó tiempos. “Ese martes -como siempre- encendí el radio y escuché, porque es como mi deporte, el sorteo de los chances. De inmediato me percaté de que había ganado, pero me quedé tranquilo porque tenía los pedazos en la billetera bien guardados”.

TREMENDO SUSTO

Sin embargo, la tranquilidad de este señor, padre de cuatro hijos y abuelo de 9 nietos, se acabó a una hora del medio día, cuando el camión de la basura llegó a recoger las bolsas del vecindario como comúnmente lo hace.

Doña Georgina Madrigal, esposa desde hace 43 años de don Guido acababa de hacer una limpieza general, entre la que iba la lotería premiada. No se percató de nada y sin más echó todos los papeles en una bolsa de basura junto a otros desperdicios.

Minutos más tarde el camión recolector pasó frente a la vivienda y se llevó las bolsas. Hasta ese momento nadie sabía que semejante cantidad de dinero iba sumergida entre desechos.

“Ella solo me dijo que había recogido unos papeles y que los había botado, no sabía que ahí estaba la lotería y menos que tenía premio. Estaba un poco apachurrada, pero cuando la encontraron se le quitó. Yo no le dije nada, ella estaba limpiando, no era su culpa, fue que yo pensé que los tenía bien guardados y quien sabe cuando los saqué y los dejé por ahí”, dijo Guido.
“Tampoco fue que nos preocupamos mucho, siempre pensamos que hay un motivo para todo y que si se perdían había más que razones, tal vez alguien que lo necesitara más que nosotros lo iba a encontrar”, aseguró el ganador, luego de conversar con su esposa.

ALERTA

Fue el mismo Guido Quesada, quien comenzó a buscar como desesperado los pedazos premiados; de un lado para otro, en las gavetas, la ropa y mil veces en la billetera, hasta que se dio por vencido.

No había ni rastro del millón de colones. Los pedazos estaban desaparecidos como por arte de magia. En la casa nadie los había visto y menos guardado. Don Guido hacía memoria y no daba en el blanco, algo fuera de lo común le había pasado al entero de chances.

Por un momento pensó que el dinero no lo es todo y que por algo se perdieron, pero de inmediato reaccionó y se emprendió de nuevo la búsqueda del millón.
Su esposa que lo vio preocupado y tras saber lo que sucedía, solo acató a decirle que la basura acababa de pasar y que seguramente el milloncito iba camino al botadero.

Una llamada de urgencia a uno de sus hijos, Guido Nelson, fue definitiva. El ganador le contó que su madre, se sospechaba, había tirado los chances en la basura y con ello el premiezote.

No hubo más que esperar, Nelson se salió a la calle, detrás del camión y echó a correr sin perder tiempo. Con uno que otro silbido trató de hacer parada, al recolector, sin embargo, no lo escuchaban.

Ya cuando iba por la última de las viviendas y emprendiendo camino al relleno sanitario, Nelson logró alcanzarlos y decirles lo sucedido.

“Mi papá me llamó a la casa y me contó que habían botado la lotería con el premio en la basura y que ya había pasado el camión. Yo salí rápido a buscarlo y tratar de encontrar la bolsita donde la echaron, pero era casi imposible, porque ya toda la basura del barrio iba encima de la nuestra. Entonces les dijimos a los muchachos, quienes son conocidos, que si la encontraban les regalábamos algo y así fue, ellos la devolvieron en la tarde”, comentó Nelson.

LA BÚSQUEDA

Carlos Zamora y Jonathan Bejarano son los dos recolectores de desechos de Santa Gertrudis y ellos fueron los que tuvieron la ardua tarea de buscar la bolsita con los chances que tan solicitado estaba. Don Guido les prometió una recompensa si los hallaban. Así fue ambos llegaron hasta el botadero y una a una bajaron las bolsas repletas de basura. Ya conocían las características especiales del envoltorio, por eso estaban más que atentos.

De pronto apareció, era la bolsita transparente que tenía adentro los pedazos de lotería premiados.

Tanto Zamora como Bejarano se quedaron pensativos al verla, sabían que era una buena oportunidad para salir de apuros, sin embargo, su amistad con Guido los hizo regresarle la lotería.

Los recolectores llegaron al bar “La Deportiva” en busca de su amigo, y en sus manos pusieron los billetes. Este hombre muy agradecido les remuneró con ¢10 mil a cada uno.

BUENOS PROYECTOS Y AHORROS

Ya recuperado el millón de colones don Guido Quesada hizo planes. Compró unos tarritos de pintura para embellecer el local en el que está desde 1992 y ofrecerle un mejor ambiente a sus fieles clientes que no lo piensan dos veces para ir a saborear una ricas bocas. Además, compró llantas nuevas para su carro, y ahorró un dinerito en el banco para nuevos proyectos que realizará con su familia.

Ahora don Guido sigue su vida normal, recordando la anécdota y compartiéndola con sus amigos que todos los días llegan a visitarlo.

CUESTIÓN DE FAMILIA

Jugar lotería no es una cosa exclusiva de don Guido, sus hijos y nietos también son empedernidos compradores. Es más, uno de sus nietos menores acostumbra apuntarle al 07 y 08 con todo el deseo de ganar.

Hace algunos días jugó unos pedacitos que su abuelo le regaló y pegó ¢6 mil, con los que compró una bola de fútbol, pues es amante de las mejengas. Así también Cornelio Quesada, su hijo que todos los sorteo también lleva chances y tiempos de los números 09 y 12. “Vieras el susto que nos llevamos cuando papá nos dijo que mi mamá había echado la lotería premiada en la basura, no lo podíamos creer. Fue mi hermano Nelson el que corrió detrás del camión para alcanzarlo y buscarla. Los recolectores la encontraron y se le devolvieron a mi padre, por eso le dio una platita”; comentó.

Asegura que si bien les causó mucho estrés lo sucedido, lo tomaron por el lado amable y siempre pensaron que el dinero no es la solución a todo en esta vida.

Ultima actualización de esta página: 12:28:17 15/10/07
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